BUENOS AIRES (AP) — Con posiciones divididas por la inminente visita del papa León XIV y la guardia alta ante un aumento récord de la violencia contra personas LGBT+ en Argentina, varios miles participaron el sábado en la 35ta Marcha del Orgullo en Buenos Aires.
El papa llegará el domingo a un país que supo ponerse a la vanguardia en la conquista de derechos para las minorías sexuales, pero que en los últimos años éstos se han visto amenazados por los recortes presupuestarios y las posturas conservadoras del presidente liberal Javier Milei, un declarado enemigo de la agenda de género.
“Llegamos a esta 35a marcha en un momento especialmente difícil”, dijeron los organizadores en un discurso leído a la multitud que se reunió frente al Congreso. “En la Argentina y en distintos lugares del mundo avanzan los discursos de odio, el autoritarismo, el racismo, la xenofobia, el negacionismo y las políticas que pretenden convertir derechos en privilegios y desigualdades en algo natural. Cuando el odio avanza, el Orgullo en las calles es resistencia”.
Más de una decena de carrozas con diseños coloridos participaron del desfile tradicional por las calles céntricas de Buenos Aires. Representaban desde organizaciones del colectivo LGBT+, partidos políticos y sindicatos hasta la comunidad queer eslava y “therians” — jóvenes que dicen identificarse a nivel mental, espiritual y psicológico con animales.
De una inminente suspensión por el papa a un cambio de recorrido
La Marcha del Orgullo estuvo a punto de suspenderse por su cercanía con la llegada del líder de la Iglesia católica. La alcaldía de Buenos Aires había dictado un decreto que prohibía todos los eventos masivos en la capital entre el 6 y el 13 de noviembre por la visita papal.
Las autoridades capitalinas dieron marcha atrás, pero dispusieron un cambio de recorrido, evitando los alrededores de la Catedral Metropolitana y de la Casa Rosada, sede del Ejecutivo, dos de las paradas de León XIV al inicio de su visita.
“El orgullo no se suspende: nuestras vidas no se suspenden, nuestros derechos no se suspenden y nuestra lucha no se suspende”, destacaron los organizadores, que reclamaron “un Estado donde ninguna religión pueda decidir sobre nuestros cuerpos, nuestras identidades o nuestros derechos”.
A bordo de una carroza decorada con cruces y un cartel gigante que proclamaba “Ni gorra, ni sotana, seamos revolución”, un grupo de jóvenes disfrazados de sacerdotes y monjas bailaban con consignas en contra de la Iglesia católica.
“Nosotras no tenemos ninguna expectativa. Todo lo que venga de la Iglesia católica para nosotros fue una barrera”, dijo a The Associted Press Marcela Romero, de 63 años, presidenta a la Asociación de travestis, transexuales y transgénero de Argentina. “Los antiderechos aprovechan todo esto para visibilizarse y generar más odio”.
Sin embargo, otros activistas valoraron el impacto positivo que podría tener la presencia de León XIV para unir a la comunidad LGBT con la religión.
“Yo sueño con una Iglesia que realmente sea casa de Dios, en la que haya lugar para todos”, comentó Manuela Paragua, de 34 años, una católica practicante que milita en la comunidad Centu, integrada por personas LGBT de distintas religiones.
Paragua, quien se anotó como voluntaria para participar de la misa que ofrecerá el papa en la localidad de Luján el próximo miércoles, dijo tener “la esperanza de que con la visita de León más personas de nuestra comunidad se acerquen a la Iglesia”.
Vestida con una falda y un top negro con brillos y sosteniendo un abanico con los colores del arco iris que representan las diversidades sexuales, la travesti Rocío Invante, de 60 años, admitió que “me encantaría conocer a este papa”.
“Me dan ganas de ser bendecida, que Dios nos proteja tal como somos”, afirmó.
De la vanguardia al retroceso
Argentina ha sido el país más progresista legalmente en América Latina en derechos LGBT —matrimonio igualitario (2010), ley integral de identidad de género (2012, una de las más sólidas del mundo), y la despenalización del aborto en 2020.
Pero el colectivo LGBT+ advierte que estas conquistas corren riesgo. Responsabilizan al gobierno de Milei por el recorte de recursos o eliminación de políticas públicas que favorecen a las diversidades sexuales, como una ley que fijaba un cupo laboral trans no inferior al 1% en la administración nacional.
A ellos se suma una ola de violencia sin precedentes atribuido a un clima de intolerancia. Durante 2025 se registraron 227 crímenes de odio en el país, lo que representa un aumento del 62% respecto de los 140 casos de 2024, según el Observatorio Nacional de Crímenes de Odio LGBT. Es además la cifra más alta desde que se realiza la medición.
A pocos días de la marcha, medio centenar de jóvenes que circulaban en bicicletas utilizaron palos y otros elementos para golpear a mujeres trans en los Bosques de Palermo, un parque recreativo de la capital al que acuden las trabajadoras sexuales por las noches.
“Cuando el odio se legitima desde el poder, la violencia de las palabras antecede a la violencia sobre nuestros cuerpos y nuestras vidas. Por eso, hoy respondemos con fuerza y resistencia en las calles”, denunció el discurso de cierre de la Marcha.


