WEST ORANGE, Nueva Jersey, EE.UU. (AP) — Ryan Lasko pasa el dedo medio de su mano izquierda por una presilla de su zapatilla izquierda. Su rostro se enrojece mientras, lentamente, el joven tira de su pierna a fin de aproximarla al lado opuesto de una camilla de entrenamiento. Está exhausto.
Lasko tiene ahora que usar las manos para levantar esas piernas que alguna vez lo impulsaron a perseguir pelotas como uno de los principales prospectos de béisbol de los Atléticos. El pelotero usa toda la energía que puede reunir, dominando habilidades que le permitirán pasar de la cama a la silla de ruedas y volver.
“Así es un día en mi vida, tal cual”, manifestó el joven de 24 años.
Hace meses, Lasko era un jardinero prometedor en Doble-A y recorría un camino que, idealmente, habría de convertirlo en jugador de Grandes Ligas.
Todo cambió el 30 de junio, en una jugada que había hecho cientos de veces. Lasko, quien jugaba en el jardín central para el equipo Midland de los Atléticos en Frisco, Texas, corrió hacia la pelota al mismo tiempo que lo hacía el jardinero derecho Devin Taylor. Sus cabezas chocaron cuando ambos se lanzaron para intentar la atrapada.
Lasko no se levantó. Sus padres Patti y James, así como su novia Alli Graff estaban en las gradas mirando, aterrorizados.
Secuelas y desafíos
Lasko se fracturó las vértebras C6 y C7 del cuello, lo que le dejó paralizado. Necesitó una cirugía de emergencia para descompresión y estabilización de la columna.
La lesión dejó a Lasko tetrapléjico, lo que significa que perdió la función motora o sensorial en las cuatro extremidades y el torso. El deportista de 1,80 metros y 86 kilos, conocido por entregarse al máximo, pasó más de dos semanas en el hospital antes de ser trasladado en avión a su casa en Nueva Jersey sobre una camilla, con su madre y Graff a su lado.
“Creo que esa es la parte que lo empeoró para mí, porque ellos lo vieron en persona”, le dijo Lasko a The Associated Press en su primera entrevista desde el accidente. “Y es que creo que todos están acostumbrados a que yo me levante”.
Durante dos meses en el Kessler Institute for Rehabilitation, Lasko realizó cientos de repeticiones para completar por sí mismo tareas funcionales.
“He explicado bastante que esto se siente como si fuera una muerte para mí”, comentó. “Así que siento que he pasado por todo el proceso de duelo”.
Cualquier sensación que tenga en las piernas o los pies es considerada por Lasko una “gran victoria”. El 16 de julio, cuando llegó a Kessler y mencionó “pequeñas victorias”, miembros del personal lo alentaron a considerarlas triunfos importantes.
Aunque alentadores, esos pinchazos no son necesariamente señales de que se recuperará por completo.
El doctor Jeremiah Nieves ha supervisado a Lasko en cada paso del camino y cree que ha avanzado mucho en poco tiempo gracias a su formación deportiva.
“Esta es apenas la fase inicial. Tengo muchísimo optimismo por él, pero eso tiene que moderarse con un poco de realismo”, señaló Nieves.
Ser un deportista de élite “lo puso en un punto de partida distinto en comparación con la mayoría de la gente. ... De ninguna manera las cosas son fáciles para él, pero se ve a ese atleta de alto rendimiento (en él) todos los días”.
Una familia intenta sanar
Una caja con equipamiento de béisbol de Lasko, enviada desde Texas, llegó recientemente a la casa de sus padres. Cuando su madre la abrió, comenzó a llorar.
La llevó al sótano, para ordenarla otro día.
“Es una pérdida, absolutamente. Yo siento la pérdida, mi esposo siente la pérdida, la incertidumbre sobre su futuro”, dijo Patti Lasko sobre el sueño que su hijo abrigaba desde que tenía 8 años.
“Es un joven muy decidido, siempre lo ha sido; nunca ha aceptado el ‘no puedo’ o el ‘no eres lo suficientemente bueno’; siempre les ha demostrado a todos que estaban equivocados, todas y cada una de las veces”.
Los A’s están agradecidos por el apoyo que recibió Lasko, desde la noche de la lesión gracias a la rápida asistencia del personal médico de los Rangers de Texas, hasta el personal en toda la estructura de ligas menores de la organización. Los costos médicos relacionados con la lesión laboral estarán cubiertos por el programa de seguros de las Grandes Ligas por el resto de la vida de Lasko.
Su “nueva normalidad”
La novia de Lasko durmió todas las noches en Kessler sobre un colchón junto a su cama.
“Le dije que se fuera muchas veces y no se va”, contó Lasko. “Así que, al tener eso, le recuerdo mucho que no habría podido avanzar sin ella”.
Consideran este periodo difícil como su “nueva normalidad”.
“Yo haría absolutamente cualquier cosa por él”, afirmó Graff, de 23 años.
Graff realizó la capacitación de Kessler para acompañantes de cuidado, a fin de ayudar en la vida diaria de Lasko y apoyarlo para recuperar su independencia.
Eso, dice él, es el objetivo principal: volverse lo más independiente posible.
Adaptarse a una nueva vida
Lasko planea regresar a Rutgers en la primavera para terminar su licenciatura en justicia penal con una especialización secundaria en psicología.
Siempre supo que el béisbol no duraría para siempre, pero no anticipó que le sería arrebatado de esta manera.
“Es difícil ver cómo se va desvaneciendo, pero todavía me aferro a ello, a que quizá algún día pueda volver a eso”.
Más tarde, sin embargo, añadió: “Ahora puedo hacer más con mi vida”.
Las sesiones diarias de terapia de Lasko en Kessler duraban unas tres horas, aproximadamente lo mismo que un juego típico.
“Así es como estoy hecho; no tiene sentido para mí no seguir adelante con algo”, explicó.
Lasko ha lidiado con horas malas y días malos.
Caía en lo que él llama un “estado de tristeza”, enfrentando rachas de impaciencia —“no puedo controlar lo que mi cuerpo quiere hacer”—, hasta que Graff o el personal de Kessler acudían al rescate.
“De alguna manera he vivido con esto el punto más bajo de mi vida y he logrado salir de ahí y no dejar que me vaya apagando hasta simplemente rendirme... y quiero estar bien con cómo estoy, porque no lo estoy”, expresó.
“Estoy completamente seguro de que volveré a caminar. Estoy completamente seguro de que podré hacer muchas cosas que podía hacer en la vida”, dijo, y agregó que tiene que “ir acumulando los pequeños momentos... que con suerte, eventualmente, me llevarán a lo que al final quiero”.
Si Lasko puede inspirar con su perseverancia a alguien —“aunque sea sólo a una persona”— que esté enfrentando un desafío de vida, lo contará como otra gran victoria.
En los días en que le costaba encontrar cualquier motivación y sólo quería quedarse en la cama, a menudo todo se reducía a un poco de “amor duro”.
Muchos de quienes estuvieron ahí para él le ofrecieron una “salida con aplausos” el 16 de septiembre, cuando Lasko dejó Kessler en una silla de ruedas, dos meses después de haber llegado.
A partir de ahora, Lasko iría a Kessler unos días a la semana como paciente ambulatorio.
El pelotero que se ganó el cariño de todos se dirigía a casa, otro hito.
“Cada victoria es una gran victoria”, aseveró.
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