PARAKOU, Benín (AP) — Las etiquetas de “Hecho en Benín” en las telas de Fatoumata Dosso representan una ambición mucho mayor que su negocio de moda: mantener en el país una parte más grande del valor del mayor productor de algodón de África.
La fundadora de DAF Collection explicó que la etiqueta significa que su país intenta aprovechar al máximo la abundante materia prima producida en Benín. Para ella, también existe la oportunidad de apoyar a más mujeres de su comunidad que esperan ganarse la vida con el algodón.
“Estoy más centrada en promover la tela tradicional del norte de Benín. Lo que viene de fuera ya está en todas partes. Quería hacer algo especial”, comentó Dosso en su establecimiento en la ciudad norteña de Parakou.
Apostar por el algodón durante los próximos años
Dosso responde a una política gubernamental que desalienta la exportación de materia prima y estipula que el país de África occidental debe hacer más para exportar productos terminados —desde jugo de piña hasta prendas comercializadas por marcas mundialmente famosas, pero con el sello de Benín.
Benín es el principal productor de algodón de África, según datos del Departamento de Agricultura de Estados Unidos. El país produjo 1,15 millones de fardos de algodón entre 2025 y 2026, lo que representó el 0,9% de la producción mundial.
Eso suena como una porción diminuta del mercado global —en comparación, China produjo 35,8 millones de fardos en el mismo periodo—, pero el algodón ha sido durante mucho tiempo el principal cultivo comercial de Benín, su exportación primaria. El país sigue apostando por el algodón durante los próximos años, incluso cuando la producción ha ido disminuyendo en el este y el sur de África.
Un frenesí de actividad
Benín, que antes exportaba casi todo su algodón en bruto a Bangladesh, avanzó hacia la agregación de valor en 2020 con una alianza público-privada que involucró al desarrollador de infraestructura Arise IIP.
El acuerdo estableció la Zona Industrial de Glo-Djigbé, o GDIZ, donde se puede ver a jóvenes trabajadores benineses procesando piñas, anacardos, cerámica y otros bienes de exportación.
GDIZ procesa alrededor de 40.000 toneladas de algodón beninés para producir entre 7 y 10 millones de prendas al año. La expansión de GDIZ y el giro de las exportaciones hacia productos terminados ayudaron a reducir el déficit de cuenta corriente de Benín —cuando un país envía más dinero al exterior por bienes y servicios del que recibe de vuelta— del 6,2% del producto interno bruto en 2024 al 5,7% en 2025, según el Banco Africano de Desarrollo.
GDIZ se ubica a 45 kilómetros (28 millas) de la capital comercial de Benín, Cotonou. Periodistas de The Associated Press recorrieron recientemente la sección de confección, que bullía de actividad mientras los jefes de estación supervisaban el trabajo que implica fabricar prendas: enderezar cuellos, coser botones y planchar camisetas con planchas planas, además de doblarlas con delicadeza. Los empleados producían ropa para marcas como U.S. Polo Assn. y Kiabi.
Una red de base
Un gerente de GDIZ declinó responder preguntas, y a los trabajadores allí no se les permitió hablar con periodistas. Un breve recorrido por el centro mostró la ambición de GDIZ, un núcleo industrial similar a una pequeña ciudad que abarca unos 16 kilómetros cuadrados (6 millas cuadradas) de terreno.
Souhaïbou Gambari, secretario ejecutivo de una asociación nacional de productores de algodón en Benín, declaró a la AP que su federación —y las exportaciones de prendas de Benín en general— dependen “de una red de base sólida y bien estructurada” de al menos 183.746 productores organizados en 2.206 cooperativas de aldea en todo el país.
“Más allá de los operadores agrícolas por sí solos, el sector algodonero sostiene directa o indirectamente los medios de vida de más de 2 millones de personas en zonas rurales, lo que lo convierte en el principal motor de inclusión social en las comunidades agrícolas de Benín”, afirmó Gambari.
El algodón es una decisión fácil
Los fardos de algodón se transportan desde el extremo norte, abastecidos por cooperativas de agricultores que colaboran para buscar precios estables y facilidad de acceso a insumos agrícolas.
Cultivar algodón es una decisión fácil para pequeños agricultores como Toussaint Bapetem. Aunque el precio por kilogramo —300 francos de África occidental, o aproximadamente 0,50 dólares— se ha mantenido igual durante años, la producción de Bapetem tiene un mercado garantizado por las autoridades que fijan los precios.
El algodón, a diferencia del maíz y otros cultivos que dependen de la lluvia, no atrae a los ladrones, afirmó, mientras inspeccionaba su plantación de algodón fuera de temporada en una zona remota cerca de la frontera con Nigeria.
Con la ayuda de unos 18 trabajadores, Bapetem, que tiene cuatro hijos, siembra regularmente tres acres (más de una hectárea) de su tierra con algodón, y reserva otros cuatro acres (más de una hectárea y media) para maíz. Su última cosecha produjo 3,8 toneladas de algodón.
Bapetem señaló que el algodón “es más rentable” que el maíz, que se vende a 120 francos de África occidental (unos 0,20 dólares) por kilogramo.
Pagar deudas y asegurar la educación
Sus ingresos por el algodón desde 2024 le ayudaron a “cuidar de mi familia y asegurar la educación de mis hijos”, contó. “Con el dinero del algodón, pagué una deuda de 500.000 francos (885 dólares) y compré una motocicleta”.
Bapetem indicó que sabía que parte de su algodón se utilizaba para confeccionar prendas a nivel local, incluida ropa que compra en el cercano mercado de Bétérou “una o dos veces al año”.
Cada vez más, las prendas disponibles en el país son obra de emprendedores locales como Dosso. Su DAF Collection contrata los servicios de alrededor de una docena de mujeres empleadas como tejedoras, que se agrupan sobre artilugios endebles sujetos a rocas mientras entrelazan hilos de algodón y poliéster para convertirlos en piezas de tela.
Muy apreciada especialmente por pastores fulani, la tela conocida con el término francés pagne se envuelve alrededor de la cintura o se usa como pañuelo en la cabeza, una prenda de moda cotidiana.
Dejar un empleo como secretaria del alcalde
“Estaba en una región donde las mujeres estaban aprendiendo a tejer algodón, pero no tenían un mercado para sus productos”, explicó Dosso. Ella dejó su trabajo como secretaria privada del alcalde de la localidad norteña de Gogounou para dedicarse por completo al negocio de moda que inició en 2016.
“Ahí fue cuando empecé a promover esta habilidad”, añadió.
Ahora impulsa el “Hecho en Benín”, representa a su país en desfiles internacionales de moda y trabaja con el objetivo de tener establecimientos en todas las principales ciudades de Benín.
“Mis clientes son todo tipo de personas", señaló Dosso. "Son diversos y vienen de todas las clases sociales. Puedo presumir que soy una de las primeras en mi ámbito en hablar de ‘Hecho en Benín’”.
"Nos beneficia enormemente"
Una de las tejedoras contratadas por Dosso, Chabi Baké, dijo que entendía que la idea de fabricar productos terminados en el país es la adecuada para Benín. Baké, que tiene cinco hijos, gana aproximadamente 545 dólares al mes como tejedora, lo suficiente como para animarla a empezar a construir una casa para su familia.
“Estoy contenta con esta forma de pensar porque nos beneficia enormemente. Permite que la gente compre nuestros productos”, comentó.
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Esta historia fue traducida del inglés por un editor de AP con la ayuda de una herramienta de inteligencia artificial generativa.





