SAN LUIS (AP) — Rory McIlroy quizá no esté tan lejos como pensaba hace cuatro días.
El norirlandés jugó sin bogeys el jueves en Bellerive para una tarjeta de 64 golpes, 6 bajo par, que le dio una parte del liderato en el BMW Championship junto con otros tres campeones del Abierto de Estados Unidos y Chris Gotterup.
Scottie Scheffler también vivió un gran cambio en cuatro días. El jugador número 1 del mundo pasó de una victoria por ocho golpes en el primer torneo de la postemporada a sentirse indispuesto y tener que remontar para firmar un 72, su peor ronda inicial desde el Abierto de Estados Unidos en junio.
La voz de Scheffler estaba ronca cuando manifestó que no quería detenerse a hablar, y solo comentó que estaba enfermo mientras se dirigía al vestuario.
McIlroy había regresado tras una pausa de cuatro semanas después del Abierto Británico con mucho óxido y muy poco golf, y no logró bajar del par en ninguna de las cuatro rondas por primera vez en más de cinco años en el FedEx St. Jude Championship.
Volvió a su casa en Florida y trabajó con el entrenador de swing Michael Bannon.
“Me fui a casa y trabajé en algunas cosas y, al menos, recuperé una mentalidad en la que sentí que, como mínimo, estoy otra vez en el camino correcto de lo que hago con mi juego y con mi swing”, señaló McIlroy. “Sin duda es un trabajo en progreso. Días como éste son alentadores, obviamente. Todavía queda mucho trabajo por hacer”.
A McIlroy le gusta decir que los jugadores nunca recuerdan lo que se siente jugar mal cuando les va bien, y que creen que nunca volverán a jugar bien cuando el juego va mal. Nunca está tan lejos, y el jueves fue un recordatorio de ello.
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