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La victoria de Lula en Brasil frena el giro regional a la derecha y niega a Trump un aliado poderoso

BRASIL-ELECCIONES
El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, se dirige a sus seguidores durante un mitin tras ganar un cuarto mandato en la segunda vuelta de las presidenciales, en la avenida Paulista de Sao Paulo, Brasil, el domingo 25 de octubre de 2026. (AP Foto/Natacha Pisarenko)
AP Photo/Natacha Pisarenko / Natacha Pisarenko

BUENOS AIRES (AP) — Los votantes brasileños le han negado a la derecha resurgente de América Latina su premio máximo, al cortar una racha de siete victorias presidenciales conservadoras consecutivas en 18 meses.

El triunfo del actual presidente izquierdista, Luiz Inácio Lula da Silva, sobre Flávio Bolsonaro el domingo, con el 51,8% de los votos frente al 48,2%, limita el esfuerzo del presidente de Estados Unidos Donald Trump por afianzar su control sobre el hemisferio occidental y consolida al país más poblado de América Latina y su mayor economía como un contrapeso a Washington. Una victoria de Bolsonaro habría dejado a Claudia Sheinbaum, de México, como la única presidenta progresista entre las potencias de la región.


Para el gobierno de Trump, que ha recurrido a aranceles punitivos, sanciones severas y fuerza militar para reafirmar su predominio en la región, la victoria de Lula complica su campaña para sumar a Brasil a su coalición militar contra los cárteles y para obtener acceso preferencial a los minerales críticos del país, según analistas.

Sin embargo, ambos bandos ven motivos para cooperar. Washington quiere acceso al vasto tesoro brasileño de tierras raras para reducir la dependencia de su industria de defensa respecto de China. Lula quiere inversión extranjera y alivio arancelario para los exportadores brasileños.

“Lula es lo suficientemente pragmático como para acordar algún tipo de modus operandi con el gobierno de Trump”, afirmó Will Freeman, investigador de estudios sobre América Latina en el Council on Foreign Relation, y añadió que los aliados de los Bolsonaro en Washington probablemente perderían influencia tras la segunda derrota electoral de la familia. El padre de Flávio, el expresidente Jair Bolsonaro, perdió ante Lula en 2022.

“No estoy seguro de que alguien en el gobierno de Trump, más allá de unas pocas personas, quiera seguir convirtiendo a los Bolsonaro en el tema central de la relación entre Estados Unidos y Brasil”, señaló.

La pieza que le falta a Trump

En gran parte de América Latina, los votantes, hartos del crimen organizado y de la inseguridad económica, han recompensado a candidatos presidenciales que prometen restablecer el orden. Desde Keiko Fujimori en Perú hasta Abelardo de la Espriella en Colombia y José Antonio Kast en Chile, conservadores recién electos han cortejado a Trump mientras toman como referencia al presidente de El Salvador, Nayib Bukele, cuya amplia ofensiva contra las pandillas ha reducido drásticamente los homicidios a costa de detenciones masivas y de la suspensión de libertades civiles.

Trump ha reforzado ese giro con respaldos electorales, rescates financieros y millones de dólares en ayuda militar.

“Estados Unidos ciertamente está poniendo el dedo en la balanza para tratar de ayudar a los elementos de derecha más duros en la región”, comentó Kenneth Roberts, profesor de gobierno en la Universidad de Cornell.

Brasil habría sido la incorporación más trascendental para Washington. Bolsonaro había prometido sumarse a la coalición de seguridad liderada por Estados Unidos “con gran entusiasmo y gran honor”, convirtiendo su alianza con Trump en parte de su discurso ante los votantes.

Lula, en cambio, ha defendido la larga tradición brasileña de no alineamiento, cultivando vínculos con potencias rivales. Su gobierno profundizó los lazos comerciales con China y buscó mayor influencia global a través de los BRICS, un grupo de economías emergentes.

El apoyo contundente de Trump a los Bolsonaro reforzó ese mensaje. Los aranceles de dos dígitos que impuso a una serie de productos brasileños para castigar a Brasil por procesar al expresidente Jair Bolsonaro por un plan golpista para derrocar a Lula provocaron una reacción nacionalista que el líder izquierdista canalizó en el grito de movilización “Brasil pertenece a los brasileños”.

“En la medida en que la superpotencia regional se convierte en una amenaza para las instituciones democráticas de Brasil, defender la soberanía nacional brasileña también se convierte en una forma de defender la democracia brasileña”, sostuvo Roberts.

Las líneas rojas de Lula

Brasil se resistió a sumarse al Escudo de las Américas, una coalición militar liderada por Estados Unidos que apunta contra los cárteles.

Cuando Washington en mayo designó a las dos mayores facciones criminales de Brasil —el Primer Comando de la Capital y el Comando Vermelho— como organizaciones terroristas, Lula advirtió que esas etiquetas podrían convertirse en un pretexto para una intervención estadounidense.

“No aceptamos que nos traten como niños”, declaró tras el anuncio. Sobre las pandillas, agregó: “Las combatiremos aquí, en casa”.

Los países situados a lo largo de las principales rutas hacia el norte del tráfico de cocaína y de migrantes, muchos de ellos muy dependientes del mercado estadounidense, han sido más complacientes. En Ecuador, tropas de Estados Unidos se han sumado a la policía local en redadas contra presuntas redes de narcotráfico en las llanuras costeras. Honduras, Guatemala y Colombia también han aceptado operaciones militares conjuntas, según ha dicho el secretario de Defensa de Estados Unidos, Pete Hegseth, aunque el gobierno de Guatemala lo ha negado.

Brian Winter, analista veterano de América Latina y editor en jefe de Americas Quarterly, una revista de política pública, indicó que “Brasil no es Honduras. Es un país grande, con una historia muy independiente y unas fuerzas armadas que no verían con buenos ojos tropas extranjeras en su propio territorio”. Y añadió: “El gobierno de Trump tendrá que moverse con cuidado aquí”.

Washington también podría tener menos motivos para presionar a Lula en materia de cooperación militar. La mayor parte de la cocaína que pasa por Brasil se consume en el país o se envía a Europa y África, en lugar de a Estados Unidos.

En cuanto a minerales críticos, Lula quiere que Brasil controle sus recursos y preserve su libertad de vender más allá de Estados Unidos.

Brasil posee las segundas mayores reservas conocidas de tierras raras del mundo, utilizadas en potentes imanes para misiles guiados, teléfonos inteligentes, turbinas eólicas y vehículos eléctricos.

El mes pasado, USA Rare Earth, en la que el gobierno de Estados Unidos tiene participación, completó la adquisición de Serra Verde por 2.800 millones de dólares, la empresa brasileña propietaria de una de las pocas minas fuera de Asia que produce las cuatro tierras raras necesarias para esos imanes. Alarmado por la expansión del papel de Estados Unidos, el gobierno de Lula aceleró una legislación que endurece la supervisión de los minerales críticos.

“Revisar el acuerdo Serra Verde–USA Rare Earth quizá no sea lo primero que haga Lula cuando sea reelegido, pero lo tiene en el radar", señaló Monica de Bolle, investigadora principal del Peterson Institute for International Economics.

Brasil también produce alrededor del 90% del niobio mundial, un elemento crítico para motores de aviones, cohetes y otros equipos militares, según el Servicio Geológico de Estados Unidos. Cualquier restricción brasileña a las exportaciones podría alterar las cadenas de suministro de los fabricantes de defensa estadounidenses.

“Brasil tiene margen de maniobra”, afirmó de Bolle. “Con Lula, Estados Unidos pisa terreno más inestable”.

Compromiso en casa y en el exterior

Pese a sus declaraciones públicas desafiantes, Lula ha buscado la paz con Trump. Su visita a la Casa Blanca en mayo para hablar de comercio, crimen organizado y minerales críticos debilitó la afirmación de los Bolsonaro de que solo ellos podían tratar con Washington.

Sin duda se avecinan más negociaciones con Trump por los aranceles y con el Congreso de Brasil, donde los conservadores ampliaron sus filas en las elecciones del 4 de octubre, privando a Lula del respaldo que necesita para impulsar reformas significativas. Tras tres mandatos anteriores, Lula se enfrenta a votantes impacientes por calles más seguras y alivio ante el alto costo de vida.

“Lula tiene las manos atadas”, señaló Guilherme Casarões, profesor asociado de estudios brasileños en la Universidad Internacional de Florida. “Prácticamente todo lo que ha intentado hacer ha sido bloqueado en el Congreso”.

En toda América Latina, las coaliciones que se unieron contra un adversario común a menudo se han fragmentado a medida que se imponen las realidades de gobernar. Los nuevos aliados de Trump ya están perdiendo apoyo en Chile, Bolivia y Perú, lo que sugiere que el giro a la derecha de la región podría ser menos duradero de lo que parece. Lula desafió la tendencia contra los oficialismos, pero su respaldo podría evaporarse rápidamente mientras negocia con adversarios —en el Congreso y más allá de las fronteras de Brasil— para ofrecer los resultados que los votantes esperan.

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El periodista de The Associated Press Mauricio Savarese en Sao Paulo contribuyó a este reportaje.

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Esta historia fue traducida del inglés por un editor de AP con la ayuda de una herramienta de inteligencia artificial generativa.