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Siguen las repercusiones una década después de que Colin Kaepernick se arrodilló y fue exiliado

KAEPERNICK-LEGADO
ARCHIVO - En esta fotografía de archivo del 2 de octubre de 2016, de izquierda a derecha, el apoyador externo de los 49ers de San Francisco Eli Harold, el mariscal de campo Colin Kaepernick y el profundo Eric Reid se arrodillan durante el himno nacional antes de un partido de fútbol americano de la NFL contra los Cowboys de Dallas en Santa Clara, California. (Foto AP/Marcio Jose Sanchez, Archivo)
AP Photo/Marcio Jose Sanchez / Marcio Jose Sanchez

Nada sobre Colin Kaepernick, el jugador de fútbol americano, cambió aquella cálida noche del sur de California hace una década. Ni su velocidad, ni la fuerza de su brazo, ni las habilidades de improvisación que lo convirtieron en uno de los quarterbacks más electrizantes de la NFL. Y, para ser sinceros, tampoco cambió nada sobre Colin Kaepernick, el hombre de 28 años, aquella noche.

Si acaso, el momento en que la estrella de los 49ers de San Francisco decidió arrodillarse durante el himno nacional antes de un partido de pretemporada el 1 de septiembre de 2016, para llamar la atención sobre asuntos como la injusticia racial, la opresión de las minorías y la brutalidad policial, solo reveló al mundo quién Kaepernick siempre creyó ser.


“No fue un acto repentino”, escribió esta primavera al anunciar sus memorias, “The Perilous Fight”. Y no lo fue: en los dos partidos de exhibición anteriores ya se había sentado en el banco durante el himno, sin que nadie lo notara. Después de hablar con Nate Boyer, un exjugador de la NFL y un boina verde retirado, pasó del banco a arrodillarse, algo que Boyer sugirió como más respetuoso con las fuerzas armadas. No lo anunció ni lo promovió: simplemente colocó su rodilla derecha en el suelo mientras sonaba “The Star-Spangled Banner”.

Cuando Kaepernick se reunió después con el sociólogo Harry Edwards, entonces asesor de los 49ers, ambos supieron que la decisión implicaba un riesgo considerable. Kaepernick, birracial, no era el primer atleta de color en usar el himno para denunciar la inequidad —desde Tommie Smith y John Carlos en 1968 hasta la baloncestista Ariyana Smith en 2014—, pero el foco de la NFL podía convertirlo en un punto de conflicto cultural.

“No hay manera de que no haya un precio que pagar por esto”, le dijo Edwards.

El precio terminó siendo su carrera. La conversación que Kaepernick pretendía iniciar pasó a otra dimensión: el método de protesta se volvió el centro de atención, calificado de ofensivo hacia los militares. El entonces candidato Donald Trump arremetió contra él y luego, como presidente, llamó “hijo de puta” a cualquier jugador que se arrodillara. Aficionados quemaron su camiseta y los abucheos lo siguieron cada domingo, mientras los 49ers tenía una aciaga temporada de 2-14. Que el derecho a arrodillarse esté protegido por la primera enmienda de la constitución no pareció importar.

Cuatro meses después de arrodillarse por primera vez, Kaepernick lanzó su último pase en la NFL: un touchdown de 9 yardas a Garrett Celek contra Seattle, que acercó a los 49ers a tres puntos antes de perder. En la temporada baja, San Francisco despidió a Chip Kelly y contrató a Kyle Shanahan. Tras reunirse con él y el gerente general John Lynch, Kaepernick anuló el año restante de su contrato y se convirtió en agente libre. El jugador que en 2012 llevó a San Francisco a un título de la NFC nunca volvió a jugar.

Kaepernick y su excompañero Eric Reid demandaron a la NFL alegando que los dueños se confabularon para vetarlos; llegaron a un acuerdo en 2019. Aunque entrenó con los Raiders en 2022, tanto él como la liga parecen haber pasado página, dejando a muchos preguntándose por qué. La NFL es casi siempre una meritocracia de producción, con jugadores que reciben segundas y terceras oportunidades pese a delitos graves —recientemente los Seahawks ficharon al cornerback Terrion Arnold pese a ocho cargos por delitos graves—, mientras Kaepernick sigue sin equipo.

Su exilio no tiene sentido para el liniero de los Steelers Cam Heyward, quien lo recuerda como “un talento tremendo” que participó en dos touchdowns en el Super Bowl.

“No creo que ningún jugador merezca eso. Se siente como si hubiera pagado el precio con su carrera. Simplemente no creo que eso esté bien”, dijo Heyward a la AP.

Muchos que jugaron o entrenaron con Kaepernick en 2016 declinaron hablar con la AP sobre esa temporada, algo que Frederick Gooding Jr., profesor en TCU, considera indicativo de qué tan poco lo abordó la liga en sustancia. No fue sino hasta 2020, tras el asesinato de George Floyd, cuando el comisionado Roger Goodell reconoció que la NFL debió escuchar a jugadores como Kaepernick, ya con más de tres años fuera del deporte. “Ahora el costo para ellos es menor para admitirlo retrospectivamente”, dijo Gooding. Las protestas se extendieron por la liga —hasta 200 jugadores arrodillados en 2017— pero la tensión, al menos en los estadios, ha bajado desde entonces.

Edwards, quien en 1968 aconsejó a Smith y Carlos su saludo de poder negro en el podio olímpico, presionó públicamente para que Kaepernick regresara al deporte. Hoy observa el trabajo que Kaepernick y su esposa Nessa realizan —los campamentos “Know Your Rights” y las autopsias independientes que financia su fundación, como la del adolescente Nolan Wells en Mississippi— y cree que el fútbol simplemente se habría interpuesto.

“Nada de lo que pudiera lograr en el fútbol americano igualaría su importancia como figura político-deportiva”, afirmó Edwards.

El activismo de Kaepernick inspiró desde lejos a atletas como Marcellis Perkins, entonces jugador de baloncesto en Holy Cross, quien junto a otros fundó el grupo Men of Color Athletes para hablar abiertamente de la postura de Kaepernick en un ambiente donde criticarlo era común. El grupo creció de 10 a 30 integrantes e inspiró una rama femenina. Perkins, hoy doctor y director de programa en TCU, comparó a Kaepernick con Muhammad Ali y Jim Brown, y vio en él a alguien que también supo navegar la transición de atleta a exatleta —un camino que Perkins mismo recorrió tras lesiones que truncaron su carrera.

La presidenta de la ACLU, Deborah Archer, quien en julio entregó a Kaepernick un premio al activismo en Washington, dijo que su recorrido “marcó un ejemplo”.

“Mostró lo que pueden hacer, el poder que tienen para iniciar una conversación... Él mostró que no hay carril. Todos tenemos la obligación de hablar”, dijo.

Kaepernick, ahora de 38 años, quizá esté aún más comprometido con esa obligación que a los 28, pese al alto costo personal y a que nunca llegará al Salón de la Fama como algunos alguna vez imaginaron. Pero para quienes, como Perkins, se inspiraron en su postura, eso casi no importa.

"Esperaría que cuando mire hacia atrás su legado, diga: ‘Tomé la decisión correcta por todas las vidas que fueron impactadas’... ese es un nivel distinto de grandeza. Puede que los medios no lo celebren, pero la gente sí. Creo que eso es lo único que importa”, concluyó.

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Las periodistas deportivas de AP Alanis Thames, Kristie Rieken, Doug Ferguson, Mark Long, Terry Tang y Dan Gelston contribuyeron a este reportaje.

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Vea aquí la cobertura completa de la NFL de AP