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Los equipos funerarios del ébola en Congo enfrentan ira, fatiga y miedo al contagio

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Trabajadores de salud que forman parte de un equipo de entierros dignos y seguros desinfectan un ataúd para enterrar a Abineno Justine, una mujer de 38 años que murió de ébola en Bunia, República Democrática del Congo, el viernes 4 de septiembre de 2026. (AP Foto/Dieudonne Dirole)
AP Photo/Dieudonne Dirole / Dieudonne Dirole

BUNIA, República Democrática del Congo (AP) — Yuma Adolphe y su equipo son responsables del entierro seguro y digno de algunas de las personas que mueren por ébola en la provincia de Ituri, en República Democrática del Congo, el epicentro del brote de ébola más mortífero de la historia. Casi todos los días cavan las tumbas, preparan los cuerpos y se encargan de los ataúdes.

Pero mientras las autoridades lidian con el brote, que ha matado a casi 3.200 personas de más de 6.600 casos confirmados, el equipo funerario afirma que está al límite, luchando con una carga de trabajo cada vez mayor y en comunidades hostiles.


“Es difícil, pero tratamos de ir más allá de nuestros límites”, comentó Adolphe a The Associated Press.

Las autoridades han desplegado equipos pequeños de enterradores como el de Adolphe en los focos desde que el brote comenzó a mediados de mayo para encargarse de los sepelios. Con un pago de 20 dólares al día, forman parte de un grupo de trabajadores de primera línea que se esfuerza para contener la enfermedad, que avanza con rapidez.

A pesar del desgaste, los miembros del equipo afirman que la prioridad es mantener a su comunidad a salvo.

“Tenemos que cuidar nuestro propio bienestar mental y físicamente el cansancio se acumula, pero seguimos adelante para garantizar que la comunidad esté protegida”, dijo Adolphe.

"Antes no moríamos así"

Pero su labor es el blanco de la frustración de los habitantes locales con el brote, que no sólo les ha arrebatado a sus seres queridos, sino que además les prohíbe realizar los ritos funerarios tradicionales.

Los trabajadores de salud se encargan en exclusiva de los cuerpos, ya que el ébola se propaga como resultado del contacto directo con la sangre o los fluidos corporales de personas infectadas.

Los expertos señalan que los cuerpos de las víctimas aún contienen cantidades considerables de virus activo y pueden seguir propagando infecciones.

Los equipos funerarios han enfrentado ataques

Los trabajadores de salud y equipos de entierro como el de Adolphe han sido atacados por familias en duelo en toda la primera línea del brote desde mayo.

“Por lo general, el cuerpo se entrega a la familia, que puede manejarlo como quiera, de acuerdo con nuestras costumbres africanas”, explicó Adolphe. “Pero en esta situación es difícil permitir que la familia manipule el cuerpo como le plazca. Se les priva de ciertos rituales, y eso es lo que lleva a malentendidos”.

Jeanne Alasha, asesora del gobernador militar de Ituri en asuntos de salud y humanitarios, señaló que “en cuanto a quienes continúan agrediendo a los equipos, están cometiendo delitos castigados por la ley”.

La provincia de Ituri, donde se concentra el brote, también es un núcleo del conflicto rebelde en el este de República Democrática del Congo. La provincia está bajo un gobierno militar designado por las autoridades civiles federales en Kinshasa.

Justine Abineno, cantante en un coro, fue enterrada en Ituri poco antes del mediodía el viernes pasado. Abineno había muerto de ébola. Solo se había quejado de leves dolores de cabeza antes de ir a un hospital y le diagnosticaron ébola, contó su madre.

Un catequista presidió la ceremonia, a la que asistieron decenas de personas, mientras un equipo de enterradores, con batas y botas, permanecía cerca.

La madre de Abineno, Sofia Wanito, dijo que los médicos sólo le permitieron ver el cuerpo a través de la ventana de la sala del hospital, y no le permitieron tocar el ataúd.

“Antes no moríamos así. Ni siquiera pude cubrirla yo misma con las sábanas y rendirle un último homenaje”, lamentó Wanito.

Los esfuerzos por contener el virus flaquean

El brote de ébola se está extendiendo por seis provincias del este de Congo en algunas de las condiciones más difíciles imaginables, alimentado por la violencia rebelde, el desplazamiento y los intensos movimientos de población. Un sistema débil de atención sanitaria y de vigilancia también pone a prueba a los equipos de respuesta, además de un rastreo insuficiente de contactos y pruebas de laboratorio.

Los esfuerzos por contener el brote también se han complicado por la falta de una vacuna o un tratamiento aprobados para el raro virus Bundibugyo que lo causa. Las autoridades han comenzado a vacunar a los trabajadores de salud de primera línea con la vacuna Evrebo, que, según la Organización Mundial de la Salud, podría ofrecer cierta protección contra el ébola, pero no hay pruebas concluyentes de que funcione contra el virus actual.

Las autoridades sanitarias dicen que la verdadera magnitud de la crisis probablemente sea tres veces mayor que las estadísticas oficiales, ya que la enfermedad sigue superando los esfuerzos por contenerla. La OMS ha dicho que se prevé que supere al brote más mortífero de la historia, el de África Occidental de 2014-2016, que mató a más de 11.000 personas.

Los trabajadores de salud de primera línea en el este de Congo han realizado múltiples huelgas para exigir el pago por su trabajo, lo que complica los esfuerzos por detener el brote.

“No tenemos opción”

Benjamin Muhindo, otro miembro del grupo de enterradores, dijo que su familia teme que él pueda llevar el virus a casa. Para él, sin embargo, una prioridad mayor es garantizar el entierro adecuado de las víctimas, indicó.

“Los entierros durante esta epidemia de ébola son muy complicados, porque trabajamos bajo presión y constantemente contrarreloj”, afirmó Muhindo.

Los expertos en trauma señalan que el elevado número de casos y las muertes son apenas una cara de su impacto a nivel personal y comunitario.

“El trauma de este brote no se detiene con el número de casos”, dijo Rose Tchwenko, directora de Mercy Corps en Congo. La cadena de transmisión solo se romperá con “una respuesta integral y holística”, que incluya una respuesta social para las familias en duelo y los trabajadores de primera línea, añadió.

Después del entierro el viernes, Adolphe dijo que está muy cansado, pero que le preocupa más la comunidad que cualquier otra cosa.

“No tenemos opción”, expresó. “Estamos aquí para salvaguardar a nuestra comunidad”.

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Ope Adetayo informó desde Lagos, Nigeria.

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The Associated Press recibe apoyo financiero para la cobertura de salud global y desarrollo en África por parte de la Fundación Gates. AP es la única responsable de todo el contenido. Consulte las normas de AP para trabajar con filantropías, una lista de patrocinadores y las áreas de cobertura financiadas en AP.org.

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Esta historia fue traducida del inglés por un editor de AP con la ayuda de una herramienta de inteligencia artificial generativa.