LA HABANA (AP) — Cuba flexibilizará el uso del uniforme y la cantidad de horas que los niños estén en la escuela cuando arranque la próxima semana el nuevo curso escolar debido a las limitaciones y problemas como los prolongados apagones agudizados por el cerco petrolero impuesto por Estados Unidos para presionar a cambios en la isla.
También se contará con el apoyo de padres y vecinos para proporcionar ayuda alimentaria en las jornadas y se buscarán alternativas para el transporte de educandos y maestros que vivan alejados, dijo el jueves durante una conferencia de prensa la ministra de Educación, Naima Trujillo Barreto. Las clases iniciarán el 1 de septiembre.
“El sistema educativo cubano es consciente de las dificultades tremendas de los impactos extraordinarios que para nuestras infancias, niños, adolescentes, tiene la asfixia colectiva que nos han impuesto”, señaló la ministra. Se hará “un grandísimo esfuerzo”.
Recordó que en Cuba la educación es universal y pública y el Estado históricamente proporcionó además de las clases y los sueldos docentes, la alimentación, uniformes escolares o libros, entre otros.
El sistema educativo cubano siempre fue exhibido como uno de los logros más importantes de la revolución por su masividad y gratuidad total, aunque en las últimas semanas muchas familias se preguntaban en redes sociales sin este ciclo iniciaría.
Aunque los apagones eran frecuentes en la isla, sumida hace un lustro en una profunda crisis económica, la caída en la calidad de vida se profundizó a partir del cerco petrolero impuesto por el presidente Donald Trump en enero para presionar por un cambio en el modelo político de Cuba.
La matrícula esperada para el nuevo curso es de 1.4 millones de estudiantes para los niveles iniciales, primaria, secundaria y preuniversitario. Los universitarios son regidos por otro ministerio, el de Educación Superior, que también anunció el inicio de clases en septiembre, aunque hizo énfasis que se buscarán alternativas no presenciales.
Para el caso de estos niveles de educación general, la ministra sí defendió la necesidad de la presencialidad como un indicador de “calidad”, pese a que el ciclo escolar anterior –en Cuba va de septiembre a julio—debió recortarse desde junio debido a los apagones y la falta de condiciones —como agua— en las escuelas en medio del calor extremo del verano.
Barreto reconoció, además, que otro de los problemas del sistema educativo es la falta de maestros –muchos de los cuales dejaron las aulas debido a los bajos salarios o salieron del país-- y que se había logrado hasta ahora cubrir el 73% de las plazas.
La situación más grave la enfrenta La Habana, la capital del país y a donde se traerán unos 300 docentes de otras provincias. Además se buscará alternativa como contar con estudiantes universitarios para que apoyen las clases en los niveles iniciales.




