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Científico registra especies “perdidas”, ya que EEUU enlista menos especies en peligro de extinción

ESPECIES PERDIDAS
Mariposas expuestas en una vitrina del Museo de Historia Natural de la Universidad de Nevada en Reno, el 2 de octubre de 2026, en Reno, Nevada. (Nick Stewart/The Nevada Independent vía AP)
ASSOCIATED PRESS / Nick Stewart

Mucho antes de que la calle Fremont de la ciudad de Las Vegas se convirtiera en un centro de apuestas adornado con luces de neón, la Oreocarya insolita —una planta silvestre de flores blancas que apenas alcanza la altura de la espinilla— florecía cada primavera entre los arbustos de creosota.

Pero no se ha registrado ningún avistamiento confirmado de dicha planta en el área de Las Vegas desde hace casi 100 años. Y, hasta donde saben los científicos, esta especie no crece en ningún otro lugar del mundo.


En todo Nevada, 20 especies de animales modernos —desde el imponente bisonte americano hasta el diminuto caracol del lago Pirámide— que alguna vez habitaron la región han desaparecido de ella. Algunas especies aún viven en otras zonas; unas más eran endémicas de Nevada y ya se extinguieron. Otras casi 50 especies de plantas y animales del estado, incluidas en la lista federal de especies en peligro o reconocidas como amenazadas, corren un riesgo similar. Además, cerca de 600 especies de plantas y animales cuentan con seis o menos grupos poblacionales en el estado.

Y podría haber más especies cuyo estado de conservación desconocen los científicos.

“Nevada es un estado donde queda mucho por explorar en cuanto a biodiversidad”, dijo Matthew Forister, entomólogo de la Universidad de Nevada, campus Reno (UNR). “Realmente no conocemos el estado de la biodiversidad de Nevada en términos de cuáles especies son estables (y) cuáles están extintas o ‘perdidas’”.

Forister y un equipo de científicos de todo el mundo ahora rastrean especies que se encaminan hacia la extinción —plantas y animales a las que se refieren como especies “perdidas”, lo que significa que no han sido vistas en años, aunque los científicos no están seguros de si ya se extinguieron—.

Registran sus hallazgos en una nueva revista científica, el Journal of Lost Species (Revista Científica de Especies Perdidas), coeditada por Forister. Su objetivo es documentar a las especies que se encuentran en una zona gris entre estar en peligro de extinción y haberse extinguido, es decir, aquellas que no han sido avistadas en una década o más.

“Todo merece ser recordado”, agregó Forister.

“Científicos de todo el mundo advierten que estamos inmersos en una crisis de extinción”, añadió Noah Greenwald, codirector del programa de especies en peligro de extinción del Center for Biological Diversity (Centro para la Diversidad Biológica), una organización sin fines de lucro dedicada a la protección de especies amenazadas.

El lanzamiento de la revista coincide con una cifra históricamente baja de inclusiones de especies en peligro de extinción por parte del gobierno federal. El Servicio Federal de Pesca y Vida Silvestre de Estados Unidos (USFWS, por sus siglas en inglés) está a cargo de decidir qué plantas y animales se incluyen en la lista federal de especies en peligro de extinción, pero bajo la presidencia de Donald Trump, la agencia se encamina a registrar el menor número de especies desde que se promulgó la Ley de Especies en Peligro de Extinción (ESA, por sus siglas en inglés), en 1973.

El servicio también sufre ahora recortes masivos de personal.

Desde 2024, la delegación del USFWS en Nevada ha perdido al 38% de su plantilla, según datos obtenidos mediante una solicitud de acceso a registros públicos realizada por el Centro para la Diversidad Biológica y compartidos con el periódico digital The Nevada Independent. El USFWS empleaba a 134 personas en Nevada en 2024, según el centro. Actualmente, emplea a 85.

A nivel nacional, la plantilla del USFWS se redujo de 9.957 a 6.333 empleados entre 2024 y 2026, según los registros del centro.

En conjunto, los recortes de personal y la falta de inclusión de especies en la lista representan una situación particularmente crítica para las plantas y animales en riesgo de extinción tanto en Nevada como en todo el país, según Greenwald.

En espera de ser incluidas en la lista

Desde que se promulgó la Ley de Especies en Peligro de Extinción, bajo el mandato del presidente republicano Richard Nixon, el USFWS ha incluido una media de 34 especies al año en la lista.

El servicio se describe como un organismo que ejerce un “liderazgo nacional en la recuperación y la conservación de las especies de plantas y animales amenazados de nuestra nación, colaborando con expertos de la comunidad científica para identificar a las especies que se encuentran al borde de la extinción”.

Esas labores, según el servicio, han “evitado la probable extinción de cientos de especies en todo el país y han contribuido a la recuperación de muchas otras”.

Pero tras dos años del segundo mandato de Trump, su gobierno ha incluido únicamente a tres especies —todas ellas en el sudeste del país— en la lista de especies en peligro de extinción. Otras especies, como la gila bicolor del valle de Fish Lake, en Nevada, aún están bajo consideración.

Durante su primer mandato de cuatro años, el gobierno de Trump protegió 22 especies.

“Listar solo tres especies en casi dos años es una cifra drásticamente inferior a la de cualquier otro gobierno", dijo Greenwald.

A modo de comparación, gobiernos demócratas como el de Bill Clinton, a principios de la década de 2000, incluyeron más de 500 especies en ocho años. Incluso gobiernos conservadores anteriores, como el de George W. Bush, incluyeron 62 especies en ocho años.

“El hecho de que el proceso de inclusión en las listas se haya enlentecido tanto, creo que deja margen para mucha más ambigüedad, y eso no es bueno ni para la industria ni para la conservación”, expuso Jamey McClinton, administrador de la Nevada Division of Natural Heritage (División del Legado Natural de Nevada). “Eso incrementa el riesgo para muchas especies cuya inclusión se ha solicitado porque están en el limbo”.

A nivel nacional, hay unas 400 especies en espera a ser incluidas en dichas listas, incluidas más de dos docenas en Nevada.

Según la División del Legado Natural, Nevada ocupa el 11mo lugar del país en cuanto a diversidad total de especies. También registra la tercera cifra más alta de especies en peligro, con más de 1.100 plantas y animales considerados en alto riesgo de desaparecer del estado.

Este año, el gobierno federal de Estados Unidos emitió una norma que facilita la destrucción del hábitat de una especie en peligro de extinción. La destrucción del hábitat del sapo del valle de Dixie —una especie en peligro— ha sido uno de los temas centrales en los debates sobre el desarrollo de energía geotérmica y el bombeo de aguas subterráneas cerca de las aguas termales que alimentan los humedales donde habita, en el condado de Churchill.

Otra norma permite tener en cuenta factores económicos al designar hábitats como críticos para especies en peligro de extinción.

Este mes, 20 estados y el Distrito de Columbia —todos, menos uno, gobernados por demócratas— demandaron al gobierno de Trump por haber debilitado la Ley de Especies en Peligro de Extinción.

“No es una desaparición anónima”

Como codirector del estudio de seguimiento de mariposas más grande y antiguo de América del Norte, Forister —el científico de la UNR— está acostumbrado a estudiar especies que se encuentran en declive.

Algunas mariposas de Nevada, como la saltadunas Polites sabuleti sinemaculata, pequeña y con alas blancas y beige, están a la espera de protección federal; otras, como la mariposa azul del monte Charleston, ya fueron incluidas en la lista. Las investigaciones realizadas en el laboratorio de la UNR han demostrado que las poblaciones de mariposas en todo Nevada disminuyen aproximadamente un 25% cada 20 años.

“Entonces tuve esa revelación”, dijo Forister. “No estábamos haciendo lo suficiente para llevar un seguimiento de estas cosas”.

Según Re:wild —la organización sin fines de lucro dedicada a la conservación con la que Forister y otros científicos colaboran—, hay más de 4.300 especies “perdidas” en todo el mundo que no han sido documentadas en una década o más.

Precisamente en esas plantas y animales se centrará el Journal of Lost Species.

“El número de especies cuya situación en los últimos 10 años desconocemos es colosal”, agregó.

En la comunidad científica existe un protocolo establecido para documentar especies nuevas y extintas, explicó Forister. Pero las especies perdidas se sitúan en una especie de zona gris. Históricamente, los científicos clasificaban a las especies que no se habían observado en mucho tiempo en la categoría de datos insuficientes.

“Es realmente muy diferente en términos de motivación y comunicación el calificar a algo como con ‘datos insuficientes’ que como ‘perdido’”, añadió. “Si está perdido, (la reacción) es: ‘¡Demonios! Vamos a buscarlo’. La categoría de ‘datos insuficientes’ es importante, pero no inspira demasiado”.

“Aunque la especie llegue a extinguirse, habremos hecho lo correcto y la documentamos. No es una desaparición anónima”.

La clasificación de “extinta” conlleva implicaciones normativas

En Nevada, algunas especies, como la paloma migratoria, fueron eliminadas del estado hace décadas —la última observación registrada de una paloma migratoria en ese estado tuvo lugar en el condado de Humboldt, en 1867—, y la especie se extinguió a nivel nacional a principios del siglo XX.

La mayoría de las especies extintas en Nevada —como los peces mexcalpique de Pahrump, mexcalpique de Raycraft y mexcalpique de Ash Meadows— desaparecieron entre las décadas de 1940 y 1950 debido a la extracción de aguas subterráneas, la destrucción de sus hábitats y la introducción de especies no nativas.

Otras especies, como el pez cacho jorobado, el salmón real y la carpa lucio del Colorado, desaparecieron hace décadas tras la construcción de presas dentro y cerca de Nevada. La presa Owyhee, en el este de Oregon, por ejemplo, fue el “golpe de gracia” para los salmones reales que se dirigían a Nevada, dijo McClinton. Por su parte, la presa Hoover fue el clavo en el ataúd para la existencia de la carpa lucio del Colorado y el cacho jorobado en Nevada.

Pero otras especies, como el caracol cuerno de carnero de la Gran Cuenca —un pequeño molusco de manantial—, desaparecieron del estado apenas a principios de la década de 2000, según McClinton.

El Centro para la Diversidad Biológica solicitó al Servicio de Pesca y Vida Silvestre de Estados Unidos, a principios de 2024, que clasificara como en peligro de extinción a las escasas poblaciones que aún subsistían en unos pocos lugares de otros estados, pero la agencia aún no lo hace.

Incluso cuando se cree que una especie ya desapareció, los biólogos tardan mucho tiempo en clasificarla oficialmente como extinta, expuso McClinton, ya que la designación conlleva implicaciones normativas.

“Tanto las autoridades estatales como las federales eliminan a las especies de sus listas de protección si son declaradas extintas”, añadió. “Aquí es precisamente donde (The Journal of Lost Species) entra en juego”.

La revista ofrecerá un espacio para que existan —aunque sea únicamente en formato digital— aquellas especies que aún no son declaradas extintas.

“La diversidad biológica es inherentemente valiosa y apreciada. Estas especies evolucionaron para sobrevivir en hábitats únicos, sin ninguna interferencia humana. Son parte de lo que confiere a esos lugares su carácter único”, dijo McClinton. “Parte del atractivo de las actividades recreativas en Nevada radica en no saber nunca si eso que uno contempla es algo único en el mundo”.

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Este artículo fue publicado originalmente por el periódico digital The Nevada Independent y distribuido a través de una colaboración con The Associated Press.