ST. CLOUD, Florida, EE.UU. (AP) — Elijah Button, un chef en Florida, estaba picando cebollas en junio cuando el cuchillo se le resbaló y le cortó el dedo medio hasta el hueso.
Fue su peor accidente de cocina hasta la fecha. Pero, tras haber renunciado en enero a su plan de seguro médico de la Ley de Cuidado de Salud a Bajo Precio (ACA, por sus siglas en inglés) porque no podía pagar un aumento de 100 dólares en la prima mensual, el joven de 21 años de St. Cloud no tenía dinero para recibir atención de emergencia.
“Ir al hospital por eso ni siquiera era una opción”, declaró Button señalando su dedo antes de preparar un asado para su tía y su tío en su casa suburbana. “Mi primer pensamiento fue: ‘¿cómo voy a arreglar esto?’”.
Después de que los republicanos en el Congreso dejaran expirar en enero los subsidios federales de la ley de salud, millones de estadounidenses, incluido Button, tuvieron que decidir si mantenían un seguro cuyo costo a menudo se duplicó o triplicó, o si se arriesgaban a quedarse sin cobertura.
Meses después, sin que los legisladores hayan tomado medidas para reemplazar los fondos perdidos, están enfrentando las consecuencias. Algunos lidian con presupuestos ajustados y facturas médicas exorbitantes, mientras otros evitan ir al médico por temor al costo.
Florida, cuya gran población de trabajadores por encargo, emprendedores y propietarios de pequeñas empresas depende en gran medida del mercado federal de seguros médicos, se ha convertido en uno de los epicentros más visibles del país de ese impacto.
Cifras reportadas por primera vez por The Associated Press muestran que alrededor de 440.000 floridanos abandonaron este año sus planes de la ley de salud, más que en cualquier otro estado. Miles más que mantuvieron la cobertura están teniendo dificultades para salir adelante, mientras los precios de necesidades como los comestibles y la gasolina siguen siendo elevados, y las aseguradoras proyectan otro año de aumentos de primas de dos dígitos.
Aunque Florida tuvo la mayor cantidad de residentes afectados, sus dificultades reflejan preocupaciones más amplias en todo el país por el aumento de los costos de la atención médica y la falta de políticas significativas para abordarlos.
En el estado profundamente republicano, donde los distritos congresionales fueron rediseñados recientemente para favorecer aun más a ese partido, el costo de la atención médica es un tema importante de campaña. Candidatos republicanos han estado promoviendo medidas contra el fraude para proteger los programas federales de salud, mientras los demócratas han estado instando a los votantes a ayudar a que el control del Congreso cambie de manos para poder restablecer los subsidios.
Button, distanciado de sus padres, le pidió ayuda a su tío con el dedo ensangrentado. Con una curita tipo mariposa, una férula y limpiezas y vendajes diarios, sanó. Pero la cicatriz todavía carcome a Button como símbolo de lo que más podría salir mal.
“Simplemente me siento como si estuviera viviendo en una casa de naipes”, comentó.
La población y la política de Florida la convierten en epicentro de desaparición de la ley
El otoño pasado, el debate sobre los subsidios que estaban por expirar absorbió al Congreso, lo que derivó en un cierre del gobierno récord de 43 días, mientras los demócratas insistían en extender la ayuda por COVID y la mayoría de los republicanos se negaba.
Casi un año después, los legisladores rara vez vuelven a mencionar el tema. La administración dice que está abordando el tema económico con esfuerzos para combatir el fraude y acuerdos con farmacéuticas, pero el Congreso no ha aprobado ninguna legislación significativa para reducir los costos de salud.
En parte debido a su gran número de trabajadores de la construcción, la hotelería y pequeñas empresas —y también porque su legislatura, controlada por republicanos, nunca amplió Medicaid, el programa de salud de red de seguridad— Florida tiene la mayor inscripción del país en la Ley de Cuidado de Salud a Bajo Precio. Con poco más de 3,8 millones de inscritos, representa aproximadamente una quinta parte del total nacional de personas inscritas.
De los aproximadamente 443.000 floridanos que abandonaron el mercado, lo más probable es que la mayoría se haya quedado sin seguro, según Cynthia Cox, vicepresidenta de la organización sin fines de lucro de investigación sanitaria KFF. Explicó que eso ocurre porque, por lo general, ese plan es "el último recurso" para obtener cobertura.
Los datos no cuentan las historias de quienes conservaron el seguro. Tracy Rand, consejera de salud mental con licencia en Leesburg, Florida, es una de ellas.
Desde que le extirparon los ovarios el año pasado debido a tumores benignos pero dolorosos, ha tenido síntomas severos de menopausia que requieren medicación, entre ellos vejiga hiperactiva y sofocos que le provocan dolores de cabeza punzantes.
Usa recipientes de plástico transparente para organizar los más de 30 medicamentos y suplementos que toma a diario; los frascos están apretujados en un cajón de la sala y en una bandeja sobre la encimera de su cocina.
El plan de la Ley de Cuidado de Salud a Bajo Precio de esta mujer de 51 años iba a dispararse este año de 55 dólares al mes a 1.100 dólares al mes, así que lo rebajó. Su nuevo plan, con deducibles y copagos más altos, cuesta 160 dólares al mes.
Para que eso encajara en su presupuesto, Rand dejó un programa de doctorado que estaba cursando, empezó a comprar comestibles en tiendas más baratas, renunció a las cenas fuera de casa una vez al mes con su esposo y dejó de reunirse con regularidad con sus amigas en un estudio de cerámica para pintar.
Ha sido un ajuste difícil, pero necesario para su salud.
Rand señaló que la posibilidad de que las aseguradoras vuelvan a subir las tarifas la llena de temor.
“No sé qué más podemos eliminar”, expresó, cubriéndose el rostro con las manos. “No sé si vamos a tener que declararnos en bancarrota”.
Clínicas son un alivio, pero no pueden atender a todos
En el frondoso vecindario de Colonialtown South en Orlando, Tarsha Watson encontró su tabla de salvación. Una clínica allí llamada Grace Medical Home ofrece a floridanos de bajos ingresos sin seguro una atención integral por una tarifa de 5 dólares por visita.
Watson, de 54 años, tiene una maestría en administración de empresas, pero no ha podido encontrar trabajo desde que perdió el suyo hace dos años. Eso significa que no tiene seguro médico. Cuando exploró la cobertura de la Ley de Cuidado de Salud a Bajo Precio, le cotizaron 600 dólares al mes, muy por encima de sus posibilidades.
En Grace, Watson se enteró de que su nivel de azúcar en sangre es alto y de que necesitaba bajar de peso. Ahora camina vueltas alrededor de la piscina de su patio trasero y sigue tutoriales de Tai Chi en YouTube para enfocarse en su condición física. Dijo que desearía que todos pudieran tener su experiencia.
“Es muy duro aquí afuera”, manifestó. “No alcanza”.
En la clínica, los pacientes entran y salen de un amplio pasillo bordeado de consultorios, mientras los médicos revisan estantes de suministros en busca de medicamentos de venta libre gratuitos. El edificio, de gran tamaño, tiene áreas separadas para atención dental, salud mental, visión y pediatría.
La directora ejecutiva, Stephanie Garris, indica que es una de 110 clínicas gratuitas o benéficas en Florida, pero que eso no basta para cubrir la demanda. Para atender a más personas en respuesta a los cambios en la Ley de Cuidado de Salud a Bajo Precio, recientemente comenzaron a recibir una clínica móvil de atención aguda para pacientes sin cita previa.
Garris indicó que Grace Medical Home atendió a unas 1.350 personas el año pasado. Cada año incorporan alrededor de 350 pacientes nuevos.
“¿Que si me gustaría duplicar eso, triplicarlo? Por supuesto”, afirmó Garris. “Pero creo que, en la realidad, con la enorme cantidad de personas sin seguro que tenemos, simplemente no es posible”.
Costos de salud se convierten en un tema de campaña
Para el representante Darren Soto, demócrata que defiende su escaño en un distrito extenso —y ahora mucho más republicano— al sur de Orlando, los costos de salud son un eje central de campaña.
Soto explica que su distrito, que está cerca de varios parques temáticos, tenía la segunda mayor inscripción del país en la Ley de Cuidado de Salud a Bajo Precio, en parte porque muchas pequeñas empresas turísticas no pueden ofrecer seguro médico a sus empleados.
“Lo escucho en todas partes a donde voy”, comentó. Su oponente republicano, Dan Green, no respondió a preguntas enviadas por correo electrónico sobre los subsidios, pero ha enfatizado como prioridades de campaña la economía, y los costos de los alimentos y del seguro de propiedad.
Soto votó el año pasado con los demócratas y algunos republicanos —incluidos unos cuantos de Florida— para salvar los subsidios. La mayoría republicana se negó y sugirió otras ideas, entre ellas financiar las cuentas de ahorro para salud de los estadounidenses. Todavía no se ha aprobado ninguna ley en esa línea.
Button, demócrata en el distrito de Soto, indicó que está abierto a distintas reformas para los costos de salud, pero sostuvo que los políticos no están actuando con la rapidez suficiente.
“Siguen ofreciendo excusa tras excusa”, declaró. “No tengo de seis meses a un año para esperar a que ellos atraviesen todos los trámites que necesitan”.
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Esta historia fue traducida del inglés por un editor de AP con ayuda de una herramienta de inteligencia artificial generativa.



