Skip to content

Condition: Post with Page_List

Listen
Search
Please enter at least 3 characters.

Latest Stories

Paweł Pawlikowski, maestro del cine de 90 minutos, regresa con "Fatherland"

FATHERLAND 492
ARCHIVO - El director Paweł Pawlikowski posa para retratos con motivo de la película «Fatherland» durante la 79.ª edición del Festival Internacional de Cine de Cannes, en el sur de Francia, el 16 de mayo de 2026. (Foto Scott A Garfitt/Invision/AP, archivo)
AP Photo/Scott A Garfitt / Scott A Garfitt

NUEVA YORK (AP) — La economía narrativa puede escasear en el cine, pero Paweł Pawlikowski ha construido una carrera a partir de una concisión que ahora parece casi radical.

Sus tres últimas películas — “Ida”, "Zimna wojna" (“Guerra fría”) y la más reciente, “Fatherland” ("Tierra de mi padre") — duran todas 90 minutos o menos. Cada una está filmada en blanco y negro, en un formato académico cuadrado. Y ninguna tiene ni un gramo de grasa.


“Se siente un poco controvertido lo que hago”, comenta Pawlikowski, riéndose. “Soy muy consciente de que es provocador ser tan despojado”.

En una era en la que las películas de tres horas son algo habitual, Pawlikowski, el cineasta polaco de 69 años, ha refinado un estilo en el que menos es más. Sus películas son breves, pero sin prisa, austeras, pero profundas.

“Intentas destilarlo, destilarlo, destilarlo”, señala.

Ese enfoque ha convertido a Pawlikowski en un destacado cineasta internacional y en un héroe para los amantes de las películas cortas. “Ida” (2013), sobre una mujer polaca que descubre que es judía justo cuando está a punto de convertirse en monja, ganó el Premio de la Academia a la mejor película internacional. "Zimna wojna" (2018), sobre un romance condenado en la Polonia de posguerra, le valió el premio a mejor director en el Festival de Cine de Cannes y una nominación al Óscar a mejor director. “Fatherland” también le dio el premio a mejor director en Cannes en mayo.

Una Alemania de posguerra, dividida entre "Stalin o Mickey Mouse"

En la película de 82 minutos, que Mubi estrena en salas selectas el viernes, Hanns Zischler interpreta al novelista alemán Thomas Mann, ganador del Premio Nobel, y Sandra Hüller a su hija, Erika. Tras la Segunda Guerra Mundial, emprenden un viaje por carretera a través de las ruinas de Alemania. Son itinerantes en su propio país, viajando entre Frankfurt, controlada por Estados Unidos, y Weimar, controlada por los soviéticos.

“Stalin o Mickey Mouse” es como un personaje plantea la elección ante los Mann en una Alemania que empieza a ajustar cuentas con el pasado, o a olvidarlo. Para Pawlikowski, es una dicotomía con matices de las divisiones políticas actuales. En Polonia, “Ida” fue criticada por nacionalistas de derecha que afirmaban que mostraba al país bajo una mala luz.

“Había una campaña electoral en marcha, y era un mal momento para mostrarla”, explica Pawlikowski. “Pero no fue solo la derecha la que atacó. Fue atacada por ser antisemita. A toda esta gente se le puede tocar su relato y encontrar algo en tu película que odian”.

“El arte es bueno para ti, pero no va a resolver ningún problema”, añade.

Cortar escenas y mantener el ritmo

El valor que tiene el arte frente al poder político está en el centro de “Fatherland”. Mann, que huyó a Estados Unidos para escapar de los nazis, es cortejado tanto por Occidente como por Oriente. Mientras tanto, antiguos nazis están volviendo a la sociedad y promoviendo su propia visión de Alemania.

Pawlikowski empezó tomando hechos reales y condensándolos. El viaje de Mann fue con su esposa, no con su hija. Visitaron más lugares durante un periodo más largo, pero Pawlikowski se limitó a dos ciudades y cinco días.

Eso fue solo el comienzo de la poda de Pawlikowski. Lo que más falta en “Fatherland”, uno se da cuenta después, son los momentos transitorios que conducen a una escena o salen de ella.

“No necesitas las escenas que te llevan de A a B. Solo pon escenas fuertes una al lado de la otra. Funcionarán de todos modos”, sostiene Pawlikowski. “Lo principal es que tenga música y un buen ritmo”.

A diferencia de sus películas sombrías y lacónicas, Pawlikowski es conversador, se burla de sí mismo y se ríe con facilidad. Le gusta rodar cinco días a la semana, tomarse un día libre y dedicar el otro día a editar, una parte del proceso que por lo general no comienza hasta que termina la producción.

“La gente dice: ‘Oh, tus guiones están tan bien hechos’”, cuenta. “Las ideas están ahí y hay un principio, un medio y un final. Pero en realidad, es el lujo de poder escribir y reescribir todo el tiempo y a veces filmar otra cosa y desechar otra”.

Para Hüller, hacer más con menos diálogo

Las refilmaciones en producciones más grandes pueden ser costosas. Pero en “Fatherland” fue más fácil.

Pawlikowski mantuvo dos locaciones, habitaciones de hotel, preparadas para filmar, por si acaso. Originalmente tenía una gran escena emocional cuando Erika se entera de que su hermano murió y se reúne con una reportera de The Associated Press llamada Betty (Anna Madeley). Después de verla, decidió volver a filmar la escena con Erika, abrumada por el dolor, simplemente abriendo la ventana y gritando a unos alemanes ruidosos en la calle nocturna de abajo.

“Lo miré y me pregunté: ‘Quizá Betty no es lo adecuado. Quizá ella debería estar sola con su recuerdo de Klaus y desquitarse con los pobres nazis’”, relata Pawlikowski.

El resultado es uno de los momentos más destacados en la interpretación, por lo demás contenida, de Hüller. La actriz, cuyo notable 2026 también ha incluido las películas “Project Hail Mary” ("Proyecto Ave María"), “Digger” y “Rose”, sospechaba al entrar en “Fatherland” que la precisión de Pawlikowski intensificaría sus escenas.

“Tiene mucho que ver con la presencia y la conciencia”, afirma Hüller. “Y con un rico movimiento interior que no necesariamente se ve por fuera. Pero se puede sentir, de algún modo. Cuanto más preciso es ese movimiento interior, mejor funciona en ese encuadre (de cámara) tan preciso. Eso es algo que tuve que descubrir”.

Aun así, hubo diálogos que a Hüller le encantaban y que tuvo que aceptar que se cortaran.

“Había una frase en la que Sandra dijo: ‘Oh, me encanta esa frase’”, recuerda Pawlikowski. “Está bien, pero nunca la vas a echar de menos porque lo que tenemos tiene un flujo tan hermoso. Que sea una frase ingeniosa no significa que tengamos que incluirla”.

Para Pawlikowski, recortar no es solo una cuestión estética. Es una forma de vida.

“De todos modos, me interesa mucho simplificar la vida”, dice, sonriendo. “Quédate con tus amigos. Que te guste lo que te gusta. Intenta ser honesto. Si puedes hacer eso en el cine, o en cualquier forma de arte, ayuda. Y sientes que estás dentro de ti mismo”.