Este verano, un especialista en marketing de contenidos digitales de 28 años hizo sus maletas, selló cajas con cinta de embalaje y huyó de Rusia, dejando atrás a su familia y amigos sin saber cuándo podrá regresar.
“Es muy triste dejar Rusia”, afirmó el hombre en la ciudad sureña de Krasnodar, antes de dirigirse a la frontera con Georgia.
Atribuyó su salida a “la situación política” en Rusia y a las complicaciones derivadas de que las autoridades restringen el acceso a internet. De lo contrario, “nunca me habría ido por más de unos cuantos meses”, comentó a The Associated Press. Habló bajo condición de anonimato por motivos de seguridad.
Es una de varias personas que se fueron o están considerando mudarse en medio de los recientes ataques de drones ucranianos dentro de Rusia y de los persistentes rumores sobre una próxima movilización de tropas para la guerra, que ya lleva 4 años y medio en marcha.
Los ataques de este verano provocaron una crisis de combustible sin precedentes y asestaron golpes devastadores al pujante sector del comercio electrónico. Desde el año pasado, el gobierno ha citado los ataques para justificar duras restricciones a la conexión a internet.
El éxodo no se acerca ni de lejos al de 2022, cuando cientos de miles de personas huyeron en el primer año de la invasión a gran escala. Aun así, un grupo que ayuda a ciudadanos que escapan al extranjero dijo que el mes pasado recibió casi ocho veces más consultas que en mayo.
“No significa que haya ahora mismo una enorme cantidad de gente en las fronteras”, señaló Anastasia Burakova, fundadora de Kovcheg, que significa “arca” en ruso. “Pero estamos viendo que la gente se está preparando para emigrar, estamos viendo que la gente está averiguando qué opciones hay”.
Los rusos hablan en redes sociales de mudarse al extranjero
Las cifras actuales son difíciles de calcular. A diferencia de 2022, cuando multitudes de hombres huyeron de un llamamiento parcial al servicio militar, por el momento no hay filas en los cruces fronterizos ni escasez de boletos de avión a destinos sin visa como Armenia, Georgia, Kazajistán y Turquía.
Al mismo tiempo, AP encontró numerosos videos en redes sociales de todo Rusia en los que personas decían que habían decidido irse, citando motivos relacionados con la guerra. Otros estaban preocupados por el deterioro de la economía, un futuro incierto y libertades cada vez más reducidas.
El presidente ucraniano, Volodymyr Zelenskyy, y otros funcionarios en Kiev han dicho que Rusia planea otra movilización después de las elecciones a la Duma Estatal, la cámara baja de la Asamblea, que concluyen el domingo; afirmaciones que el Kremlin ha rechazado repetida y enérgicamente.
Yan Slovitsky, coordinador de asistencia urgente de Kovcheg, describió “una ola de pánico” de emigración desde mediados de julio vinculada a los temores de movilización, la crisis de combustible y las restricciones a internet.
Un diplomático radicado en Moscú comentó a AP que este verano hubo “un aumento palpable del nerviosismo” entre la población, y señaló “evidencia anecdótica de que un número de rusos mayor de lo habitual está apareciendo en la vecina Georgia y Armenia, posiblemente por temor a otra movilización después de las elecciones a la Duma”. El diplomático no estaba autorizado a hacer comentarios públicos y por ello habló bajo condición de anonimato.
Alen Simonyan, secretario del Consejo de Seguridad de Armenia, declaró el mes pasado al canal independiente ruso Dozhd que su país “no interferirá de ninguna manera y, si es necesario, ayudará” a los rusos que se muden allí para evitar ser reclutados.
Eso provocó una dura reprimenda del Ministerio ruso de Exteriores, que calificó el comentario de Simonyan de “provocador”.
El legislador ruso Viktor Sobolev dijo al canal RTVI que el país no necesita a personas que “no aman tanto a su patria como para irse por rumores”, y añadió: “Que se vayan”.
Algunos emigrados buscan evitar el servicio militar
El especialista en marketing digital, que se describe como pacifista, cuenta que este fue su segundo intento de emigrar.
Salió de Rusia en 2022 para evitar el llamamiento parcial de 300.000 nuevos soldados, un anuncio del presidente Vladímir Putin que conmocionó al país.
Explicó que, técnicamente, no es apto para el servicio militar en tiempos de paz debido a un problema en la cadera, pero consideró más seguro irse porque no sabía qué esperar de las autoridades.
Algunos funcionarios en 2022 dijeron que esos hombres podían ser reclutados legalmente en una movilización, al igual que algunos grupos de derechos que ayudan a reclutas. Otros afirmaron que debía declararse la ley marcial para que fuera legal. Rusia no ha declarado formalmente la guerra a Ucrania, y el Kremlin sólo impuso la ley marcial en las cuatro regiones ucranianas que se anexionó ilegalmente en 2022, pero que no controla por completo.
El especialista en marketing regresó a su ciudad natal, Uliánovsk, en 2025 y trabajó a distancia para clientes en otros países. Pero la incesante ofensiva de Rusia contra miles de plataformas, sitios y servicios de internet le dificultó hacer su trabajo, relató, ya que tenía que cambiar servidores de redes privadas virtuales para encontrar uno que le permitiera sortear las restricciones.
Otro factor fueron los rumores de una nueva movilización. “Nunca sabes qué va a pasar mañana”, expresó desde un apartamento en la capital georgiana, Tiflis, donde se estableció.
Una moscovita de 23 años que salió de Rusia el mes pasado también mencionó los persistentes rumores de movilización y el temor de que su esposo pudiera terminar en el ejército.
La mujer, que habló con AP bajo condición de anonimato por motivos de seguridad, dijo que su padre estuvo a punto de ser reclutado en 2022 y lo evitó al huir del país. Este año, su esposo se enteró de que ya no tendría una prórroga del servicio militar después de obtener su maestría.
“Una persona puede arreglárselas con cualquier cosa, pero de verdad teníamos miedo de que (mi esposo) pudiera acabar en el ejército, porque a estas alturas es un boleto de ida”, manifestó.
Ivan Nazarov, un recién graduado universitario que se mudó a la capital armenia, Ereván, coincidió con ese sentimiento.
Dijo que estaba al tanto de reportes sobre reclutas en servicio obligatorio que, en teoría, no deberían ser desplegados a Ucrania, pero a quienes obligan a firmar contratos que los envían al campo de batalla.
“Para mí, es una cuestión de supervivencia”, añadió Nazarov, durante una reunión organizada por Kovcheg en Ereván para nuevos inmigrantes.
Otros rusos citan libertades cada vez más reducidas
El activista queer Daniil Neonov salió de Rusia este verano tras una serie de detenciones y una condena de 10 días de cárcel por cargos de exhibir símbolos extremistas: una foto que publicó en redes sociales en la que aparecía una camiseta con un estampado de colores del arcoíris.
Las autoridades rusas han prohibido lo que llaman “el movimiento LGBT internacional” por considerarlo extremista, lo que a veces deriva en cargos por faltas menores por llevar objetos con un arcoíris.
Neonov dijo a AP en Ereván que temía que se abriera un caso penal en su contra.
Contó que conoce a otras personas que se fueron de Rusia después de ser detenidas por reunirse el mes pasado frente al Tribunal Supremo para apoyar al partido opositor Yabloko, cuando el tribunal lo excluyó de la boleta para las elecciones parlamentarias. Yabloko era el único partido en la boleta que se oponía abiertamente a la guerra.
“La policía fue a por ellos y levantó actas. Conozco a varias personas que, después de que las retuvieron, también se fueron. Quiero decir, no soy el único”, afirmó Neonov.
Un ruso de 35 años dijo a AP que se estaba preparando para salir del país porque no quiere vivir en una tierra sin libertad de expresión, donde la economía está en caída libre y donde los escolares tienen que escuchar propaganda que ensalza la guerra, normaliza la violencia y promueve el aislamiento del resto del mundo.
El hombre, que también habló bajo condición de anonimato por razones de seguridad, dijo que llevaba más de una década pensando en irse de Rusia, pero aún tenía la esperanza de que “todo saldría bien”.
Ahora, sostuvo, los rusos “viven en una enorme cárcel digital. No puedes decir nada, no puedes hacer nada. No tienes absolutamente ningún derecho”.
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Sophiko Megrelidze en Tiflis, Georgia, y Ani Khachatryan en Ereván, Armenia, contribuyeron.
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Esta historia fue traducida del inglés por un editor de AP con la ayuda de una herramienta de inteligencia artificial generativa.



