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Meses después de los sismos en Venezuela, una familia no deja de buscar a uno de los suyos

VENEZUELA-SISMOS
Pedro Gómez pregunta a la gente por su primo, Andrés Molina, quien se encuentra desaparecido desde los terremotos, en La Guaira, Venezuela, el sábado 22 de agosto de 2026. (AP Foto/Ariana Cubillos)
AP Photo/Ariana Cubillos / Ariana Cubillos

CARACAS (AP) — Antonella Molina, su sobrino Pedro Molina y un grupo de amigos salieron a las 8 de la mañana un sábado reciente, con las manos llenas de volantes, caminando con cuidado entre los escombros que aún quedan por toda La Guaira tras dos terremotos catastróficos consecutivos ocurridos hace 10 semanas.

Su misión es encontrar a Andrés Molina, de 18 años —sobrino de Antonella y primo de Pedro—, de quien no han tenido noticias desde que el doble sismo azotó Venezuela el 24 de junio. Andrés está entre decenas de miles que siguen desaparecidos, según un recuento independiente que está muy por encima de la estimación del gobierno de 1.500.


Semanas antes, Antonella y otros familiares sacaron los cuerpos de la madre y el hermano de Andrés de los restos derrumbados de su edificio de apartamentos de 10 pisos, que colapsó en La Guaira, la zona costera al norte de la capital, Caracas, que fue una de las más golpeadas. El edificio alguna vez albergó a más de 30 personas, pero no había rastro de Andrés, ni siquiera la mochila que siempre llevaba.

Los vecinos le dijeron a la familia que han visto a Andrés deambulando entre la destrucción, recolectando chatarra; mantienen la esperanza de que haya sobrevivido.

"Son muchas cosas que nos dan esperanza", comentó Antonella. "Una de esas es el amor”.

Buscando sin ayuda del gobierno

Las cifras oficiales de 6.500 muertos y 1.500 desaparecidos han sido ampliamente cuestionadas por la gente en el terreno, aunque el gobierno venezolano ha afirmado que su respuesta fue rápida y que las estadísticas están “rigurosamente verificadas”.

Con poca confianza en las autoridades, la familia y los amigos de Andrés son quienes están tomando las riendas para obtener las respuestas que necesitan.

"Nunca hemos tenido ese apoyo de parte del gobierno que nos ayude a conseguir las personas desaparecidas. Jamás", aseguró Antonella.

Y están decididos a seguir buscando por su cuenta hasta encontrarlo.

En los días posteriores a los sismos, los vecinos dijeron que vieron a Andrés deambulando con una aparente lesión en la cabeza. La familia llamó a refugios, hospitales y morgues, pero no hubo noticias de Andrés.

Recurrieron a pegar volantes por la zona con su foto y un número para llamar. Las llamadas empezaron a llegar, reportando avistamientos en un campo de golf cercano, un parque o un restaurante. Pero Andrés nunca estaba allí cuando ellos llegaban. Cuando preguntaban, la gente les contaba historias de haber visto al joven de la foto, a menudo intentando darle comida a gatos, su animal favorito.

Apenas el día anterior a la búsqueda, la policía le dijo a Antonella que lo habían visto recolectando material de desecho cerca, lo que alimentó su optimismo.

Salir a buscarlo otra vez

El sábado de la búsqueda, unos 15 amigos y familiares caminaron por las calles, pasando junto a ventanas rotas y muros derrumbados, mientras el ruido de la maquinaria de construcción que seguía trabajando retumbaba en el fondo.

Antonella se acercaba a vecinos y cuadrillas de construcción con un cálido saludo venezolano: “¿Cómo estás, mi amor?”. Explicaba que estaba buscando información sobre su sobrino.

Un trabajador de la construcción dijo que lo vio cerca del campo de golf. Otra mujer, sentada afuera en una silla de plástico, dijo que había visto los volantes, pero no a Andrés. Otro hombre pensó que quizá lo había visto en un McDonald’s cercano. Pero cuando mencionaron que tenía tatuajes, Antonella supo que no era su sobrino.

La búsqueda se ha complicado por una disputa familiar entre la madre y el padre de Andrés —el hermano de Antonella y el tío de Pedro— que los ha mantenido separados durante años. La familia intentó mantenerse en contacto, pero la relación se deterioró. El padre de Andrés ha estado entre quienes lo buscan.

Pedro empezó a hablar con su primo por WhatsApp en los meses previos al terremoto, pero nunca se conocieron en persona, ya que Pedro vive a unas seis horas de distancia, en el estado de Anzoátegui.

Aun así, Pedro quiere que su primo sepa que no está solo, aunque su madre y su hermano ya no estén con él.

“Uno no sabe cómo se debe sentir pues, si él está vivo”, comentó Pedro.

Terminar con rabia, dolor, tristeza

Durante la tarde de la búsqueda, Antonella y Pedro se acercaron a una joven y le entregaron un volante.

“¿Eras su vecina?”, preguntó Antonella.

“Sí, de la casa de al lado”, respondió ella. “Mi mamá era amiga de su mamá”.

Pero no tenía información sobre dónde está Andrés ahora.

“Por si acaso, voy a anotar este número", dijo. "Suerte”.

Antonella ha llegado a creer que quizá Andrés no quiere que lo encuentren. Tal vez por eso sigue encontrando los volantes dañados.

La búsqueda terminó, como siempre, en un McDonald’s cercano alrededor de las 10 de la noche, unas horas antes de lo habitual porque Antonella se lastimó el brazo.

"Al final de cada búsqueda siempre siento rabia, impotencia, dolor, tristeza, incluso hasta desesperanza. Porque son tantos días, tanto esfuerzo, tantas horas caminando buscando, preguntando", comentó.

“Y terminamos con las mismas respuestas. Lo han visto, lo han visto, lo han visto. Pero todavía no tenerlo presente así en nuestras manos ha sido un golpe muy duro", añadió.

Pero continuará buscándolo hasta saber que Andrés está a salvo.

“Tengo que seguir hasta encontrar a mi sobrino”, sentenció.

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Brigida informó desde Ciudad de México.

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Esta historia fue traducida del inglés por un editor de AP con la ayuda de una herramienta de inteligencia artificial generativa.