CARABALLEDA, Venezuela (AP) — Con el recuerdo de los dos poderosos terremotos de junio aún fresco, miles de escuelas de Venezuela abrieron el lunes sus puertas para recibir a los estudiantes en medio de las dudas sobre si estarán seguros en los recintos localizados en las zonas más afectadas.
A los problemas que ya había en los centros educativos se sumaron los daños provocados por los sismos de 7,2 y 7,5 de magnitud del 24 de junio que dejaron más de 6.500 muertos y unas 17.900 personas sin vivienda.
Los terremotos fueron los más fuertes registrados en el país sudamericano en más de un siglo y ocurrieron con 39 segundos de diferencia a lo largo de la cordillera de la costa, donde se encuentran los mayores centros poblados del país. Los sismos provocaron severos daños en Caracas y en los estados centro occidentales de La Guaira, Carabobo, Miranda, Aragua y Yaracuy.
La mayoría de las muertes ocurrieron en La Guaira, a unos 20 kilómetros al norte de Caracas, el segundo estado más pequeño de Venezuela. Su población de 440.000 habitantes es mayoritariamente pobre y vive del turismo, el comercio y las actividades en torno a la terminal aérea y el puerto.
Al comenzar un nuevo año escolar la afluencia de estudiantes en localidades como Caraballeda, en La Guaira, fue baja, pero los docentes confían en la incorporación progresiva de niños y jóvenes.
“Hay evidentemente un poco de temor que es comprensible por los eventos que sucedieron, pero poco a poco… vamos a ir aumentando la matrícula, día por día, hasta que todos entiendan que estamos en un sitio seguro”, dijo Marcos Payo, director de la escuela Congreso de Angostura de Caraballeda.
Algunas madres como Darioska Hernández tienen dudas de enviar a sus hijos a sus antiguas escuelas por considerar que fueron reparadas demasiado rápido, algo inusual en el país.
“Tengo mucho, mucho miedo. Nosotros vimos que las columnas (de la escuela) estaban explotadas y la repararon muy rápido y de verdad no me siento segura”, dijo Hernández a The Associated Press mientras preparaba a su pequeño hijo que de momento asiste a clases en una escuela improvisada en una tienda de campaña en La Guaira.
La escuela provisional fue idea de la maestra Yasmily Urimare. “Si anteriormente estaba difícil la educación... imagínate después del terremoto”, dijo la maestra a AP.
Antes de los sismos las condiciones en muchas escuelas públicas no eran las mejores por el deterioro de la infraestructura. La mayoría sufría además escasez de servicios esenciales como el agua, apagones frecuentes y la deserción de maestros ahuyentados por los bajos salarios.
De acuerdo con la Federación Venezolana de Maestros, el 40% de los 370.000 docentes activos han abandonado las escuelas desde 2017. El salario mensual —que obtiene la mayoría de los educadores de primaria y los liceos— es el más bajo de la región y oscila entre 30 centavos y 1,5 dólares mensuales, según la Federación.
Los maestros, como la mayoría de los 3,5 millones de trabajadores del sector público, subsisten con aproximadamente 190 dólares al mes, casi en su totalidad en bonos, que no tienen incidencia en otros beneficios laborales como las vacaciones.
De acuerdo con el Observatorio Venezolano de Finanzas, un organismo independiente, un empleado promedio del sector privado ganaba el año pasado alrededor de 237 dólares mensuales.
Según estadísticas oficiales, en Venezuela hay unos seis millones de estudiantes de primaria y enseñanza secundaria.
___
Rueda reportó desde la ciudad de Caracas.




