BOSTON (AP) — Con bruma y una lluvia ligera sobre el estadio, Rafael Devers emergió del dugout de visitantes en el Fenway Park por primera vez la tarde del viernes.
Se tomó unos minutos para firmar autógrafos a aficionados que llevaban su jersey de los Gigantes de San Francisco, y a otros que vestían el de los Medias Rojas de Boston, equipo con el que jugó durante más de ocho años antes de su traspaso bomba hace 14 meses.
Luego, el dominicano comentó que los recuerdos de su etapa en Boston afloraron cuando llegó al estadio. Pero también lo hizo su deseo de no volver a hablar de la trayectoria ríspida con su antiguo equipo.
“No quiero pensar en el pasado, no quiero hablar del pasado. Pero al mismo tiempo, todos somos hombres, todos somos adultos y hay que entender que así es el negocio del béisbol", mencionó Devers antes del duelo de los Gigantes contra los Medias Rojas. "Pero al mismo tiempo, cometes errores y tienes que seguir adelante y madurar”.
Está muy lejos de la frialdad con la que terminó su etapa el pasado junio con el equipo de Boston, al que ayudó a ganar la Serie Mundial de 2018.
La relación de Devers con la franquicia empezó a deteriorarse en febrero de 2025, cuando el equipo fichó al tercera base ganador del Guante de Oro Alex Bregman durante los entrenamientos de pretemporada y le pidió a Devers que pasara a ser bateador designado; él se resistió antes de aceptar el cambio.
Pero luego, cuando el primera base Triston Casas sufrió una lesión de rodilla que puso fin a su temporada, los Medias Rojas se acercaron a Devers para solicitarle que jugara a la defensiva y él se negó, al decir que la directiva “debería hacer su trabajo” y buscar a otro jugador.
La situación llegó a un punto crítico cuando los Medias Rojas traspasaron al pelotero tres veces elegido al Juego de Estrellas a los Gigantes, menos de dos años después de firmar con Devers un contrato de 10 años y 313,5 millones de dólares.
Boston recibió a cambio un paquete modesto: el derecho Jordan Hicks, el zurdo Kyle Harrison, el prospecto de los jardines James Tibbs III y el derecho dominicano de ligas menores Jose Bello.
Aun así, fue un movimiento que la directiva consideró necesario, según el presidente de los Medias Rojas, Sam Kennedy.
“Trabajamos en ello. Teníamos una visión distinta para él de cara al futuro a la que él tenía, y no pudimos llegar a eso", indicó Kennedy. "No pudimos encontrar alineación. Y llegamos a ese punto de inflexión y tomamos la decisión de hacer un gran movimiento”.
Un poco más de un año después, Boston ha atravesado todavía más sacudidas, entre ellas la salida de Bregman en la agencia libre y el despido del exmánager boricua Alex Cora en abril tras un inicio de 10-17.
Desde entonces, los Medias Rojas se han encendido y han vuelto con firmeza a puestos de postemporada con una racha de 15 victorias y el mejor registro de las Grandes Ligas desde el receso del Juego de Estrellas: 22-11.
Mientras tanto, San Francisco ha tenido dificultades y llegó a Boston con marca de 52-75. Devers lidera al equipo con 25 jonrones y 31 carreras impulsadas, pero también encabeza al club con 141 ponches.
Irónicamente, Devers ha jugado mucho en la primera base esta temporada, aunque sí tuvo un altercado notable con el mánager de los Gigantes Tony Vitello en junio, cuando al principio desestimó a un corredor emergente y luego entró furioso al dugout.
Dejando eso de lado, Devers señaló que está encontrando un hogar con los Gigantes.
“No puedo comparar a los dos equipos. Lo único que puedo decir es que ése es mi equipo, estoy muy cómodo, me han apoyado, han confiado en mí", valoró Devers. "Sólo espero seguir haciéndolo bien para ellos”.
Aseguró que no se arrepiente de cómo terminó su etapa en Boston.
“Me siento muy bien. Ha pasado un año. Creo que he madurado en un año", sostuvo. "Creo que he aprendido que, como atleta, hay cosas que van a pasar. Lo que tienes que hacer es seguir adelante y aprender de eso”.
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