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Elecciones en EEUU muestran creciente frustración con Israel a ambos lados del espectro político

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ARCHIVO - El primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, vota en las primarias de su partido, Likud, antes de las elecciones generales de octubre, en Jerusalén, el 17 de agosto de 2026. (AP Foto/Ohad Zwigenberg, archivo)
AP Photo/Ohad Zwigenberg / Ohad Zwigenberg

JERUSALÉN (AP) — En el lapso de unas 24 horas, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, sugirió cortar la ayuda a Israel, un crítico acérrimo del país ganó una contienda clave para el Senado y el vicepresidente atribuyó parte de la culpa de la parte la aplastante derrota electoral de su partido a las relaciones entre la Casa Blanca e Israel.

La ruptura provocada por la devastadora campaña militar israelí en Gaza y la guerra lanzada conjuntamente contra Irán ha hecho trizas el apoyo bipartidista estadounidense a Israel que se remonta varias décadas atrás. Los demócratas están profundamente divididos sobre el tema, y los republicanos son cada vez más críticos con sus acciones.

En Israel, los detractores del primer ministro, Benjamin Netanyahu, lo acusan de haber gestionado mal las relaciones con el aliado más cercano al país. Pero la división es mucho más profunda y probablemente persistirá incluso si se forma un nuevo gobierno tras las elecciones de la semana pasada.

En la izquierda, los estadounidenses ven cada vez más a Israel como un paria internacional debido a la guerra en Gaza y a la violenta expansión de los asentamientos en la Cisjordania ocupada. En la derecha, algunos consideran que Israel ha socavado la promesa de Trump de “Estados Unidos primero”, acusándolo de arrastrar a Washington a una guerra costosa e innecesaria con Teherán.

“Algo fundamental ha cambiado”, manifestó Michael Oren, historiador y exembajador israelí en Estados Unidos. “Mi hipótesis de trabajo es que el llamado a cortar la ayuda militar es apenas el comienzo”.

El panorama político cambia en la izquierda y la derecha

Aún no está claro si las declaraciones de Trump sobre poner fin a unos 4.000 millones de dólares en ayuda militar anual a Israel, hechas durante una entrevista con Fox News, representan una política oficial o si fueron solo un intento de último momento por influir en los votantes en el día de las elecciones. La Casa Blanca no respondió a un pedido de más detalles.

Netanyahu ha calificado repetidamente a Trump como el mejor amigo que Israel ha tenido en la Casa Blanca. En su primer mandato, el republicano trastocó décadas de política estadounidense al reconocer a Jerusalén como la capital de Israel y legitimar los asentamientos judíos que la mayor parte de la comunidad internacional considera ilegales. En el segundo, se sumó a Israel en las dos guerras que lanzó contra Irán.

Horas después de las palabras de Trump comenzaron a conocerse unos resultados electorales que mostraban una enorme ola de victorias demócratas en todo el país, incluso en el crucial estado bisagra de Michigan, donde Abdul El-Sayed derrotó con holgura a su rival republicano. El-Sayed acusa a Israel de genocidio en Gaza, algo que Israel niega con contundencia.

El vicepresidente de Estados Unidos, JD Vance, que es visto como uno de los posibles favoritos para suceder a Trump, ha intentado distanciarse de la guerra con Irán y ha adoptado un tono más crítico hacia Israel.

En un análisis postelectoral publicado en redes sociales la mañana siguiente a los comicios de mitad de mandato, Vance contó que un encuestador no identificado, “una de las personas más inteligentes que conozco en política”, le dijo que los republicanos necesitan hacer cuatro cosas para recuperar a los votantes: “1) Terminar la guerra 2) Centrarse en el costo de vida/la inflación 3) Poner a Estados Unidos primero 4) Cambiar nuestra relación con Israel”.

“Esto, claramente, no augura nada bueno”, comentó Chuck Freilich, exasesor adjunto de seguridad nacional en Israel. El llamado de Vance a un cambio “resuena en una parte determinada del Partido Republicano, la parte del partido de Tucker Carlson y la más derechista, aislacionista y MAGA”, apuntó empleando las siglas en inglés del movimiento “Make America Great Again”.

Cortar la ayuda sería un “cambio unilateral significativo”

Durante décadas, Estados Unidos ha proporcionado miles de millones de dólares en ayuda y armamento avanzado a Israel, además de protegerlo de las críticas en Naciones Unidas y en otros foros internacionales.

Los partidarios presentan esa ayuda como una inversión en un aliado poderoso y fiable en una región peligrosa. Críticos como El-Sayed sostienen que ha financiado la expansión de los asentamientos israelíes, mermando notablemente las perspectivas de una solución de dos Estados con los palestinos.

Tras el ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023, el gobierno del expresidente demócrata Joe Biden eludió al Congreso para aprobar ventas de armas de emergencia. Pausó un envío de bombas de más de 900 kilos (2.000 libras) en el punto álgido de la guerra en Gaza, pero continuó proporcionando ayuda militar. Trump también ha aprobado miles de millones de dólares en ventas de armas a Israel. Un estudio académico del año pasado concluyó que Washington había proporcionado 21.700 millones de dólares en ayuda a Israel desde el inicio de ese conflicto.

Michael Singh, director gerente del Washington Institute for Near East Policy, afirmó que un corte de la ayuda estadounidense “sin duda dejaría a los israelíes en apuros y sería un cambio unilateral significativo en la relación entre Estados Unidos e Israel”.

Israel tendría que financiar por su cuenta la adquisición de armamento de fabricación estadounidense, ya sea pidiendo préstamos o subiendo los impuestos, explicó Singh, quien fue director sénior para Oriente Medio en el Consejo de Seguridad Nacional durante el gobierno del expresidente George W. Bush.

Netanyahu ha dicho que quiere que su país deje de depender de la ayuda militar de Washington en los próximos 10 años. El objetivo sería pasar a una asociación más equilibrada, en la que Israel ya no dependa del dinero de los contribuyentes estadounidenses, mientras comparte sus propias y considerables capacidades tecnológicas y de inteligencia.

“El primer ministro ha estado trabajando con el presidente Trump para hacer la transición correcta, de la ayuda hacia la asociación y la inversión mutua”, declaró Doron Spielman, portavoz de Netanyahu, en una entrevista reciente con Fox. Netanyahu no ha comentado las declaraciones de Trump.

Un nuevo gobierno israelí enfrentaría la misma presión

Netanyahu perdió su mayoría parlamentaria en las elecciones de la semana pasada, pero está lejos de ser seguro que sus oponentes puedan reemplazarlo.

Un nuevo gobierno encabezado por su principal rival, el exjefe militar Gadi Eisenkot, podría tomar algunas medidas para ayudar a amortiguar las críticas, como reprimir la violencia descontrolada de los colonos. Pero, en gran medida, continuaría las políticas hacia los palestinos y la región en general que han enfurecido a muchos estadounidenses.

El distanciamiento quedó claramente expuesto a principios de esta semana cuando Yair Lapid, un destacado miembro de la coalición antiNetanyahu, escribió en X que un nuevo gobierno debería enviar una delegación a Estados Unidos para relacionarse con la Casa Blanca, el Congreso y líderes locales a fin de reparar las relaciones.

Brad Lander, un diputado demócrata recién elegido por Nueva York que fue detenido brevemente por las fuerzas israelíes en la Cisjordania ocupada el mes pasado, dijo que Lapid no estaba entendiendo la cuestión.

“Como alguien que ganó un escaño en el Congreso anoche, y a quien le importa Israel: no están escuchando lo que los votantes estadounidenses —judíos y no judíos— están diciendo. No estamos desesperados por una gira electoral. Estamos ansiosos por ver respeto por el derecho internacional y los derechos humanos”, escribió Lander.

Freilich, el exfuncionario de seguridad israelí, apuntó que si Netanyahu continúa en el cargo, “la espiral descendente aumentará y quizá incluso empeore”.

Si Eisenkot se impone, “entonces puede iniciar un proceso que quizá sea incluso generacional. Sin duda, se necesitarán de 10 a 20 años para deshacer el daño que (Netanyahu) ha causado”, manifestó Freilich.

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Esta historia fue traducida del inglés por un editor de AP con la ayuda de una herramienta de inteligencia artificial generativa.