LONDRES (AP) — En un llamado a la nación en horario estelar, el presidente argentino Javier Milei resucitó el histórico reclamo de Argentina sobre las cercanas islas Falkland, conocidas en español como Malvinas, que están bajo el control de Reino Unido, y en el proceso evocó recuerdos de la amarga guerra que ambos países libraron hace 44 años.
Con una elección en Argentina prevista para octubre de 2027, Milei hizo lo que muchos líderes argentinos han hecho a lo largo de los años: redoblar el apoyo al reclamo de su país sobre lo que los argentinos llaman las Malvinas.
En su discurso, Milei celebró el jueves un aparente cambio de tono de Estados Unidos y prometió impulsar medidas para bloquear planes de perforación petrolera cerca del pequeño territorio británico de ultramar de unos 3.500 habitantes, situado a unos 480 kilómetros (300 millas) al este de la costa sudeste de Argentina.
Sin amenazar con una incursión militar, insistió en que los “vientos de cambio” soplaban del lado de Argentina.
Esto es lo que hay que saber sobre las islas —un territorio británico de ultramar desde 1833— y cómo influyen en las relaciones entre Argentina y Reino Unido.
Milei reafirma el reclamo
El reclamo de soberanía de Argentina está consagrado en la Constitución del país y se invoca con frecuencia como expresión de identidad nacional, desde los billetes hasta los cánticos futboleros del Mundial.
Milei, rodeado por su gabinete, le dijo a la nación que las islas son “el futuro” y que Argentina necesita “recuperarlas” como una cuestión de importancia nacional.
“No hay otro camino”, afirmó.
Milei, un libertario de derecha que ha aplicado una terapia de choque a la economía argentina desde que asumió el cargo a fines de 2023, ha enfrentado una presión creciente de la oposición, que lo ha acusado de desatender el reclamo de soberanía de Argentina. Se ha vuelto más enfático sobre las Malvinas a medida que los planes de producción petrolera a gran escala en torno a las islas elevan lo que está en juego en la disputa.
Indicó que firmaría decretos para introducir sanciones contra cualquier empresa que trabaje en la producción de petróleo alrededor de las islas, al declarar que el yacimiento Sea Lion, una operación conjunta de Reino Unido e Israel, es un “peligro claro y urgente” para los reclamos del país.
Se prevé que la producción en el yacimiento, situado a unos 220 kilómetros (140 millas) al norte de las islas, comience en 2028. Argentina considera que el proyecto es una explotación ilegal de recursos en aguas que reclama como propias.
“Argentina no se quedará de brazos cruzados”, manifestó Milei. “Cualquier avance adicional sobre las Islas Malvinas, será considerado como una violación a nuestra seguridad nacional”.
Rockhopper Exploration y Navitas Petroleum desestimaron las amenazas de Milei en una declaración conjunta emitida el viernes, diciendo que seguirían Adelante con el plan de Sea Lion en virtud de las licencias otorgadas por el gobierno de las islas y respaldado por Reino Unido.
“La empresa piensa que no es de esperar que los acontecimientos recientes tengan un efecto importante en las actividades de desarrollo del proyecto Sea Lion, incluido el calendario de realización del proyecto”, afirmaron.
El factor Trump
El mensaje de Milei a la nación se produjo en medio de señales crecientes de que Estados Unidos se preparaba para cambiar su postura sostenida durante mucho tiempo sobre el futuro de las islas.
Durante décadas, sucesivas administraciones estadounidenses se han mantenido neutrales ante los reclamos contrapuestos, al tiempo que reconocían la administración de facto británica de las islas. Cualquier alejamiento de esa posición sería un gran desaire diplomático y avivaría unas tensiones transatlánticas ya elevadas.
En una entrevista realizada el jueves con GB News, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, indicó que no respaldaría a Reino Unido en una lucha por las Malvinas y señaló la falta de apoyo británico a su guerra en Irán, iniciada el 28 de febrero.
“Los Estados Unidos evalúan ese cambio de posición porque saben que en la Argentina tiene un socio confiable, alineado con los valores occidentales, en una posición de relevancia estratégica, que puede ser un aliado valioso en las décadas por venir”, sostuvo Milei, posiblemente el aliado más cercano de Trump en Sudamérica.
La respuesta británica
Los residentes de las Islas Malvinas han indicado que prefieren seguir siendo parte del Reino Unido, y el secretario de Relaciones Exteriores británico, Ed Miliband, dijo que el país “defenderá resueltamente” su derecho a decidir su futuro.
“La posición de Reino Unido sobre las Islas Falkland es inquebrantable”, escribió Miliband en X. “Las islas son británicas y seguirán siéndolo porque esa es la posición abrumadora de los isleños”.
En un referéndum de 2013, los isleños votaron de manera abrumadora por seguir siendo un territorio británico de ultramar: el 99,8% votó a favor y solo hubo tres votos en contra.
Milei desestimó ese punto de vista y dijo que los habitantes de las islas “no tienen un derecho legítimo a la autodeterminación”.
La opción militar
El peor escenario es que la disputa vuelva a desembocar en una guerra.
En 1982, la entonces dictadura militar argentina invadió las Malvinas. Reino Unido, encabezado entonces por la primera ministra Margaret Thatcher, envió un equipo especial a través del Atlántico y recuperó las islas tras 73 días de control argentino. La guerra dejó 649 militares argentinos y 255 británicos muertos.
La humillación de aquella invasión fallida pronto condujo a la caída de la junta, que invadió las islas en una apuesta desesperada por ganar popularidad.
El contexto ahora es muy distinto. A comienzos de la década de 1980, las Malvinas tenían una presencia militar británica mínima. Hoy existe una disuasión real: más de mil soldados, aviones de última generación y patrullas de la Marina Real en las cercanías.
El contexto histórico
El estatus futuro de las islas ha lastrado las relaciones entre ambos países, aunque comparten profundos vínculos culturales y económicos.
Aunque Argentina nunca fue una colonia británica, la influencia y el dinero británicos desempeñaron un papel crucial en el crecimiento del Estado argentino en las décadas posteriores a su establecimiento en 1816.
De manera más visible, la influencia británica se aprecia en el ámbito deportivo, en particular en el fútbol, que fue llevado por inmigrantes británicos.
Pero las Malvinas han socavado lo que debería ser una relación estrecha basada en intereses comunes. En el Mundial reciente, Argentina venció 2 a 1 a su archirrival Inglaterra en las semifinales. Algunos jugadores argentinos desplegaron una pancarta tras la victoria proclamando como propias las disputadas Islas Malvinas: “Las Malvinas son argentinas”.
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Esta historia fue traducida del inglés por un editor de AP con la ayuda de una herramienta de inteligencia artificial generativa.




