WASHINGTON (AP) — El presidente estadounidense Donald Trump rechazó el lunes las crecientes críticas de que no ha hecho lo suficiente para explicar por qué era necesario iniciar ahora una guerra contra Irán ni para articular su visión de un desenlace para el conflicto que se agudiza.
La frustración no proviene sólo de la izquierda política, sino también de su base de simpatizantes —agrupada bajo el lema de campaña MAGA, siglas en inglés de “Hagamos grande a Estados Unidos otra vez”—, a medida que el conflicto se expande, los precios de la energía se disparan y aumenta el número de muertos en Oriente Medio en una guerra que, según plantea el gobierno, quizá apenas esté en sus etapas iniciales.
Trump también pareció dejar abierta la posibilidad de una participación militar más amplia de Estados Unidos, diciéndole el lunes al New York Post que no descarta la posibilidad de enviar infantería. Esto ocurrió mientras el secretario de Defensa, Pete Hegseth, les decía a los periodistas que el gobierno no se metería en el ejercicio “insensato” de anticipar “lo que haremos o no haremos”.
“Yo no me pongo nervioso con respecto al envío de infantería; como dice todo presidente: ‘No habrá soldados sobre el terreno’. Yo no lo digo”, expresó Trump. “Yo digo: ‘probablemente no los necesitemos’, (o) ‘si fueran necesarios’”.
El presidente, y sus principales asesores, intentaron defender su enfoque mientras Irán continúa tomando represalias al lanzar drones y misiles contra Israel, bases estadounidenses en la región y vecinos del Golfo Pérsico. Israel y Hezbollah —la milicia respaldada por Irán en Líbano— también intercambiaron ataques el lunes, abriendo otro frente en el conflicto.
Algunos en el mundo MAGA están furiosos
Trump regresó a la Casa Blanca el año pasado con la promesa de “Estados Unidos primero” para mantener al país fuera del tipo de “guerras eternas” que agobiaron a algunos de sus predecesores recientes. Un elemento central de su visión de política exterior, desde su primera campaña, ha sido su exhortación a “abandonar la fallida política de construcción de naciones y cambio de régimen”.
Repitió ese llamado durante una visita a Arabia Saudí el año pasado, al señalar que los “así llamados ‘constructores de naciones’ destruyeron muchas más naciones de las que construyeron, y que los intervencionistas intervenían en sociedades complejas que ni siquiera entendían”.
Pero ahora Trump se encuentra en una guerra elegida por él mismo, lo que está generando preocupación de que Estados Unidos pueda verse arrastrado a otro conflicto prolongado en Oriente Medio.
“No estoy contento con todo esto. No creo que esto haya ido en los intereses de Estados Unidos”, manifestó el domingo Erik Prince, aliado de Trump desde hace tiempo y un destacado contratista de seguridad privada, en una presentación en el podcast “War Room” de Steve Bannon, exasesor de Trump. “Va a destapar una significativa caja de Pandora de problemas, caos y destrucción en Irán ahora”.
Prince añadió: “No veo cómo encaja esto con el compromiso MAGA del presidente. Estoy decepcionado”.
Otros aliados destacados que cuestionan la decisión de atacar a Irán incluyen a Benny Johnson, presentador de YouTube; el influencer Andrew Tate, y el comentarista conservador Tucker Carlson.
Sin duda, muchos de los aliados más firmes de Trump dicen que respaldan su decisión y no ven señales de un cisma en su movimiento.
“No, señora, creo que Irán... ellos son actores maliciosos”, le dijo a una reportera el representante republicano Tim Burchett, cuando le preguntaron por dicha posible división. “Han matado a estadounidenses. En Irak suministran armamento. Hezbollah forma parte de su pacto y les han suministrado armamento y fondos. Y hacen negocios con los chinos, así que en absoluto. Creo que estamos bien”.
Trump, al hablar en un acto en la Casa Blanca el lunes, dijo que la operación militar conjunta de Estados Unidos e Israel estaba “sustancialmente adelantada al cronograma”, y calculó que tomaría de cuatro a cinco semanas cumplir los objetivos del gobierno, aunque señaló que podría requerirse más tiempo.
“Tenemos capacidad para continuar mucho más allá de eso”, sostuvo Trump.
Hegseth fue aún más impreciso sobre el plazo.
“El presidente Trump tiene todo el margen de maniobra del mundo para hablar de cuánto tiempo puede o no puede tardar. Cuatro semanas, dos semanas, seis semanas”, expresó. “Podría adelantarse. Podría retrasarse”.
Las fuerzas armadas de Estados Unidos prevén sufrir más bajas en su operación contra Irán, les dijo a los periodistas el jefe del Estado Mayor Conjunto, Dan Caine. Hasta el lunes, seis militares estadounidenses habían muerto en combate, y otros habían resultado gravemente heridos, mientras Irán llevaba a cabo una andanada de ataques de represalia en toda la región.
¿Cambio de gobierno o colapso del gobierno?
El gobierno no ha detallado a quién quiere ver al mando de Irán tras la muerte del líder supremo iraní, el ayatolá Ali Jamenei, y de decenas de otros altos dirigentes en los primeros disparos del conflicto.
Al anunciar el inicio de las principales operaciones de combate, Trump instó al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán a deponer las armas. Pero la historia deja entrever que el poder aéreo por sí solo difícilmente provocará el tipo de cambio de gobierno que el mandatario dice querer ver en Irán.
El presidente tampoco se ha comprometido a ayudar a miembros de la oposición iraní, a quienes ha exhortado a levantarse contra la teocracia islámica gobernante una vez que concluya la campaña de bombardeos.
Trita Parsi, vicepresidente ejecutivo del Quincy Institute for Responsible Statecraft —un centro de estudios de Washington—, dijo que Trump podría, en última instancia, estar dispuesto a conformarse con un “colapso del régimen” o una “implosión del régimen”.
“Eso es muy diferente (del cambio de régimen), no sólo porque potencialmente podría lograrse, sino también porque es algo que le permite al gobierno de Trump lavarse las manos respecto de las consecuencias de esto”, explicó Parsi.
Aun así, Israel está presionando a Trump para una operación sostenida que pueda asestar un golpe decisivo al gobierno clerical de Irán.
“Creo que la mayor preocupación de los israelíes puede ser que el presidente Trump acepte… una especie de oferta temprana, declarando victoria”, observó Daniel Shapiro, exembajador de Estados Unidos en Israel durante el gobierno del presidente Barack Obama y ahora investigador distinguido del Atlantic Council. “Creo que les gustaría ver que esto se prolongue más, con el apoyo del presidente”.
Preguntas sobre la justificación de Trump
Funcionarios del gobierno de Trump les dijeron a asesores del Congreso el domingo en sesiones informativas privadas que la inteligencia de Estados Unidos no dejaba entrever que Irán estuviera preparándose para lanzar un ataque preventivo contra territorio estadounidense. En cambio, los funcionarios reconocieron que existía una amenaza más general en la región por parte de los misiles de Irán y sus fuerzas aliadas.
Sin embargo, Trump repitió el lunes su afirmación de que Washington necesitaba actuar debido a preocupaciones de que Irán intentaba construir misiles balísticos que podrían llegar a Estados Unidos.
Teherán no ha reconocido que esté construyendo o intentando construir misiles balísticos intercontinentales. No obstante, la Agencia de Inteligencia de Defensa de Estados Unidos indicó en un informe no secreto el año pasado que Irán podría desarrollar un misil balístico intercontinental militarmente viable para 2035 “si Teherán decidiera intentar obtener esa capacidad”.
El presidente también reiteró su afirmación de que Irán trataba de reconstruir su programa nuclear, incluso después de los ataques de Estados Unidos realizados en junio pasado durante la guerra de 12 días entre Israel e Irán, que, en sus palabras, habían “eliminado” tres instalaciones nucleares clave.
Rafael Grossi, jefe del Organismo Internacional de Energía Atómica, reafirmó el lunes que Irán tiene un programa nuclear “ambicioso”, pero que actualmente no cuenta con un programa para construir armas nucleares. Teherán se ha negado a permitir que inspectores del OIEA visiten sus sitios nucleares dañados.
Kelsey Davenport, directora de política de no proliferación en la Asociación para el Control de Armas —un grupo independiente enfocado en esa misión—, dijo que “el cambio de régimen no es una estrategia viable de no proliferación”.
“El programa nuclear de Irán no puede ser eliminado a bombazos. El conocimiento nuclear de Irán no puede ser eliminado a bombazos”, afirmó. “Incluso si hay un cambio de régimen, el programa de Irán seguirá planteando un riesgo de proliferación”.
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Los periodistas de la AP Seung Min Kim, Nathan Ellgren y Didi Tang contribuyeron con información.
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Esta historia fue traducida del inglés por un editor de AP con la ayuda de una herramienta de inteligencia artificial generativa.