LONDRES (AP) — Desde que fue destituido como jefe del ejército de Ucrania en 2024 y nombrado embajador del país en Reino Unido, Valerii Zaluzhnyi ha sido considerado por la mayoría como el principal rival político del presidente, Volodymyr Zelenskyy.
Zaluzhnyi, de 52 años, se niega a hablar de sus ambiciones políticas y sostiene que no quiere arriesgarse a dañar la unidad nacional durante una guerra con Rusia que se acerca a su cuarto aniversario. Sin embargo, en un indicio de su posible deseo de postularse a la presidencia —una vez termine el conflicto—, Zaluzhnyi habló públicamente por primera vez sobre una profunda división entre él y Zelenskyy, durante una entrevista reciente con The Associated Press.
Las tensiones surgieron poco después de la invasión a gran escala de Rusia en febrero de 2022, y a menudo se enfrentaban por la mejor manera de defender el país, afirmó Zaluzhnyi. La tensa relación llegó a su punto álgido más tarde ese año, cuando decenas de agentes del servicio nacional de inteligencia allanaron la oficina de Zaluzhnyi, según contó a la AP.
Zaluzhnyi alega que el incidente, que no se había reportado antes, fue un acto de intimidación. Corría el riesgo de exponer su rivalidad en un momento en que la unidad nacional era primordial.
La oficina de Zelenskyy y el servicio de seguridad de Ucrania, o SBU, rechazaron realizar comentarios. La AP no pudo confirmar de forma independiente el relato de Zaluzhnyi sobre la redada.
Incluso años después, la revelación amenaza con polarizar a la opinión pública en Ucrania en un momento crítico de la guerra. Las fuerzas rusas están logrando avances lentos pero constantes a lo largo del frente oriental ucraniano, y ambas partes se aferran a reclamos incompatibles mientras Estados Unidos presiona para que lleguen un acuerdo de paz.
Zaluzhnyi contó que, durante el allanamiento de 2022 a su oficina, llamó al jefe de gabinete de Zelenskyy para advertirle que estaba dispuesto a movilizar al ejército para detenerlo y proteger el centro de mando: “Me enfrentaré a ustedes y ya he pedido refuerzos al centro de Kiev para que nos apoyen”.
Aunque esa casi crisis al inicio de la guerra quedó atrás, los desacuerdos entre Zaluzhnyi y Zelenskyy acerca de la defensa del país persistieron, según Zaluzhnyi, quien dijo que a menudo cuestionaba la estrategia militar del presidente.
Una disputa sobre una contraofensiva en 2023 que finalmente fracasó fue especialmente áspera, señaló el exgeneral. Aunque la popularidad de Zaluzhnyi entre la población se había consolidado gracias a varios éxitos en el campo de batalla, Zelenskyy lo destituyó de su cargo al frente del ejército en febrero de 2024 y más tarde anunció que sería enviado a Londres.
Analistas políticos interpretaron ampliamente la medida como un intento de Zelenskyy para frenar el potencial de Zaluzhnyi como rival alejándolo de las cuestiones cotidianas en Ucrania.
Las encuestas sitúan sistemáticamente a Zaluzhnyi con una ligera ventaja sobre Zelenskyy en una posible contienda electural. La popularidad, antes sólida, de Zelenskyy ha disminuido a medida que la guerra se prolonga. Un escándalo de corrupción que salpica a varios de los principales funcionarios de Zelenskyy ha erosionado la confianza pública, según legisladores y activistas. Zelenskyy reestructuró recientemente su equipo de gobierno en un esfuerzo por recuperar la credibilidad.
Estados Unidos ha intensificado la presión a Moscú y Kiev para poner fin a la guerra. Aunque sigue sin alcanzarse un acuerdo. Zelenskyy ha aceptado en principio un plan presentado por el presidente estadounidense, Donald Trump, que contempla la celebración de elecciones una vez que termine la guerra y haya garantías de seguridad.
“Sé cómo luchar”
Una noche a mediados de septiembre de 2022, mientras Ucrania llevaba a cabo una contraofensiva eficaz en el noreste, Zaluzhnyi, entonces comandante del ejército, se marchó a su oficina en Kiev luego de una tensa reunión en el cuertel general de Zelenskyy.
Horas después, decenas de agentes del servicio de seguridad de Ucrania se presentaron en la oficina de Zaluzhnyi para registrarla, relató. En aquel momento, había allí más de una decena de oficiales británicos, agregó.
Los agentes ucranianos no dijeron qué estaban buscando, según Zaluzhnyi, quien asegura que les impidió hurgar en documentos y computadoras.
El allanamiento fue claramente una amenaza, afirmó Zaluzhnyi. En presencia de los agentes, llamó por teléfono a quien por entonces era el jefe de gabinete de Zelenskyy, Andrii Yermak, y lanzó una advertencia tajante: “Le dije a Yermak que repelería este ataque, porque sé cómo luchar”.
Zaluzhnyi llamó entonces al jefe del servicio de seguridad, Vasyl Maliuk, para preguntar qué estaba ocurriendo. Maliuk dijo que no sabía nada del cateo y le prometió investigarlo, según esu relato.
Más tarde, se enteró de que la agencia de Maliuk había solicitado dos días antes una orden de registro a un tribunal de distrito en Kiev para inspeccionar esa misma dirección. La agencia quería registrar un club de striptease presuntamente operado por una organización criminal, según un documento judicial obtenido por la AP.
Pero el club mencionado en la solicitud había cerrado en esa ubicación antes del inicio de la guerra, contaron a la AP dos empleados que trabajan en la nueva dirección del club.
Zaluzhnyi cree que la orden de registro fue un pretexto y que la agencia no podía haber confundido de manera plausible la ubicación del principal centro de mando de guerra del país.
Poder de ataque diluido
La contraofensiva de 2023 fue objeto de críticas generalizadas por parte de expertos militares por ser demasiado ambiciosa y haberse lanzado demasiado tarde, lo que dio tiempo a las tropas rusas a reforzar sus posiciones.
Zaluzhnyi sostiene que el plan, que elaboró con ayuda de socios de la OTAN, fracasó porque Zelenskyy y otros funcionarios no quisieron comprometer los recursos que requería.
El plan original consistía en concentrar fuerzas suficientes en un “puño único” para recuperar la región parcialmente ocupada de Zaporiyia —que alberga una central nuclear clave— y avanzar después hacia el sur, hasta el mar de Azov. Así se cortaría el corredor terrestre que el ejército del Kremlin había estado usando para reabastecer Crimea, la península que anexó ilegalmente en 2014. El triunfo requería una gran concentración de efectivos y una sorpresa táctica, explicó Zaluzhnyi.
En cambio, dijo que lo que ocurrió fue que las tropas se dispersaron en una zona amplia, diluyendo su poder de ataque.
Su versión de cómo la contraofensiva se desvió del plan original fue corroborada por dos funcionarios occidentales de defensa que hablaron bajo condición de anonimato porque no estaban autorizados a realizar declaraciones públicas a la prensa.
¿Un diplomático con intenciones políticas?
La oficina de Zaluzhnyi en la embajada de Ucrania en Londres refleja sus años como general. Las paredes están adornadas con pósters de aeronaves militares, medallas del ejército que le fueron concedidas y dibujos infantiles de escenas de batalla. Sobre una mesa de caoba hay drones de juguete.
Detrás de su escritorio, unas pantallas muestran transmisiones en tiempo real de drones que sobrevuelan el campo de batalla del este de Ucrania.
Las principales críticas de Zaluzhnyi a la estrategia bélica de Kiev son que depende de un número poco realista de efectivos y que no está bien organizada en la forma en que desarrolla y despliega nuevas tecnologías en el campo de batalla. Sigue de cerca los acontecimientos, pero asegura que no participa en la toma de decisiones militares desde que Zelenskyy lo apartó del cargo. Además, comentó que él y el presidente mantuvieron conversaciones “absolutamente amistosas” en las dos ocasiones en que se han encontrado desde entonces.
Algunos analistas apuntan que la ausencia de Zaluzhnyi en los asuntos políticos cotidianos de Ucrania podría debilitar su popularidad.
Aun así, una encuesta de Ipsos publicada el mes pasado mostró que, en unas hipotéticas elecciones futuras, Zaluzhnyi tendría un apoyo del 23%, frente al 20% de Zelenskyy, lo que lo convierte en el principal rival del presidente.
Muchos ucranianos lo ven como una figura capaz de cambiar el sistema, señáló Volodymyr Fesenko, analista político en Kiev. “La gente votará no solo por Zaluzhnyi, sino también contra Zelenskyy, culpándolo por los fracasos de su presidencia”, declaró.
Zaluzhnyi evita hablar de política, según dice, por temor a fomentar divisiones entre los ucranianos. “Hasta que termine la guerra o se levante la ley marcial, no voy a hablar de esto y no he hecho nada al respecto”, manifestó.
A pesar de sus reticencias, varios asesores de campaña, figuras del partido y expertos políticos siguen acercándose a Zaluzhnyi y ofreciéndose a ayudarle a diseñar una campaña.
Según Zaluzhnyi, un asesor político estadounidense “bastante conocido” se le acercó en la primavera de 2025. Un funcionario cercano a Zaluzhnyi, que habló bajo condición de anonimato porque no estaba autorizado a realizar comentarios en público, contó a la AP que se trataba de Paul Manafort, que fungió como jefe de campaña de Trump en las presidenciales de 2016 antes de ser condenado, dos años más tarde, por delitos que incluyeron labores secretas de cabildeo en favor del expresidente ucraniano Viktor Yanukovych, afín al Kremlin.
“Le di las gracias por fijarse en mí, pero le dije que no necesitaba sus servicios”, dijo Zaluzhnyi.
Manafort, que fue indultado por Trump al final de su primer mandato, no respondió a llamadas ni mensajes de la AP.
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El periodista de The Associated Press Steve Peoples en Washington contribuyó a este despacho.
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Esta historia fue traducida del inglés por un editor de AP con la ayuda de una herramienta de inteligencia artificial generativa.